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10 junio 2008

"El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos"
Miguel Hernández



Cuando el alba de una pequeña violeta
acaricia el bosque negro de un pecho de ausencia
alguien regresa a su niñez
y desentierra aquella lágrima que dejo dormida,
se estremecen los navíos que quedaron amarrados
en los puertos del olvido,
aquellos en los que debimos embarcarnos
bebiéndonos de un trago la sangre pálida del miedo.

Entonces tiemblas porque sabes que ya nada es en vano
en mitad de esta luz tan cálida donde despertar soñando
y entregar lo que nunca fue tuyo.





28 abril 2008



Una pequeña música, un idioma olvidado
en el velo de la lluvia que atraviesa las galerías de la memoria
y humedece la áspera tierra en la que resurgen
viejas callejuelas sumergidas donde un niño corre enloquecido
para hacer volar su cometa de caballitos de bruma.

Una pequeña música, un idioma olvidado
en la tristeza y en la alegría de los acordeones,
donde cantan a coro los náufragos
que encontraron en el dolor una estrella.

Que palpita en el temblor del amor
que abre la sangre al abismo y al alba.

En la caricia lenta que ilumina como una vela una noche de desvelo,
y deja un rastro tibio, el sabor del mar en los labios,
y unge el silencio como rocío de vida.








22 abril 2008



He abierto los viejos ventanales de los desvanes olvidados
como se abren los ojos de un ciego de par en par
para que entre lo invisible que trae el aire:
la pequeña voz de días luminosos
que vive en los arrabales y cantan los pájaros,
que viaja con la lluvia y salta las altas tapias.
El pequeño rumor de un cuerpo estremecido
en su leve susurro que huele a limoneros en flor.

15 abril 2008



El paso de los años con su manto de hojas amarillas
no logra borrar el rastro que dejaste en mí,
entonces tú eras una mujer prematura,
y yo sencillamente un niño que dejó de serlo,
quien cruza sin saberlo a galope un puente
que se desvanece en la niebla a cada paso,
y la vida entonces era un poema intensamente azul,
una última barricada en nuestra promesa clandestina de no claudicar,
un trapecio sin red donde embarcarse en su embriaguez.

Cuando otros aprendían solemnemente a renegar de sí,
tú eras humildemente fiel a ti misma,
y me mostrabas hasta la frágil luz de tu lágrima
en tu herida más oscura, y hasta mi nombre
sonaba distinto cuando tú lo pronunciabas,
me hacías sentir que era real y era yo dejado ser
o acaso eran tus ojos dulces que me veían
como nadie me había descubierto nunca.

A pesar de los años y de no saber apenas de ti,
en las noches de los días más duros cuando una tempestad arrecia
y un animal acorralado intuye el despeñadero,
tú has vuelto en el sueño, emergiendo de una profunda entraña dormida
y hemos habitado de nuevo juntos atardeceres desconocidos
tan hondamente vivos como aquellos que jamás he olvidado
y como entonces yo he descubierto en tu ojos dulces
el rastro inesperado de otro destino.

07 abril 2008

La sangre es un pájaro de fiebre



La sangre es un pájaro de fiebre
que quiere salir del pecho,
como aquel gorrión de nuestra niñez
que se escapó de la jaula.

El pájaro es un anhelo,
una mano abierta que nos espera, un sí,
un horizonte inmenso donde renacer
arrebatado a la fría mortaja del nunca.

La sangre es un pájaro de fiebre,
un hombre que corre desnudo
en mitad del aguacero.

07 septiembre 2007

Lleva en sus ojos escrito el mundo



Lleva en sus ojos escrito el mundo.
Imagino su vida, rostros, paisajes, colores,
ecos de ciudades, tiernos reflejos y transparencias,
rumores del viento jugando con sus cabellos,
noches abiertas y cantos, horizontes inmensos,
la niñez perdida en un camino desvanecido
a la que sólo se vuelve en las crines
de un intangible caballito de sueño,
lágrimas de dolor o de felicidad, anhelos de fuego.

Todo donde ella se ha vivido a sí misma
y todo lo que vive con ella.

31 agosto 2007

Como el mar


Como el mar que sueña lleno de ímpetu con abrirse imposibles caminos y se desgarra en las rocas, dejando los jirones de su ser y su sed de mundo y de infinito. Dolor y vida, dolor y sueño. Ser y sed en la imposible mansedumbre de sus aguas que no conocen la derrota, absortas en su misterio que precede a la luz de sí.

Ser y sed. El mismo clamor silencioso que habita en el viejo y en el niño. La misma conspiración de todo en el cosmos y que es como el mar, como el oleaje que somos sobre el tiempo. Vaivén contra las rocas, estela de espumas, nómadas en sus crines de deseo.





Sed y ser, como el mar que sueña en la imposible mansedumbre de sus aguas.

Como el mar, el viejo y el niño. Como el mar, dolor y sueño. Vaivén contra las rocas, renacer muchas veces antes de morir, caballo inagotable de espumas.

Como el mar, que te contempla en una playa y te busca en sus orillas, y susurra y te llama, y besa tu cuerpo con su desnudez de azules, en la conspiración de todo en el cosmos, raíz de vida y sueño, absorto en su misterio.


02 octubre 2006

Realidad sumergida



El rostro negro que aparece en el sueño de un ciego.

El nacimiento humano que sucede
tras oír el silencio reiterado de dios,
donde el hombre herido se yergue
en la soledad ajena de los astros.

El poema que encontramos urdido en las entrañas
y que nunca es nuestro aunque nos adjudiquemos su autoría.

La mano invisible que nos arrebata
en la página de un libro abierto al azar
que dibuja los caminos
que conducen al jardín azul
debajo de las palabras.

Todo lo que nos entregaron en el silencio,
calidez, ternura y tiempo sin dueño,
que nos transciende y viaja
por nuestras manos y nuestros abrazos
a generaciones venideras.

El sueño que nos desnuda y deja su rastro
de verdad de zahorí sobre la orilla del alba
en la memoria de nuestra otra existencia.

El deseo como pájaro salvaje de llamas
que llega de continentes oscuros
a ser nuestra carne, nuestra fiebre y nuestra ansia.

El espejo roto convertido en ventana
que nos salva de nosotros mismos.


Publicado por JuanBM

15 septiembre 2006

Pongo mi mano sobre su hombro




El sol de septiembre tenuemente cálido entra en la cocina
donde el anciano permanece inmóvil sentado en la silla de ruedas.
Sus ojos están cada vez más presos por un hielo turbio de cristal ajado
que los desvanece y empaña de lejanías y ausencias.

Aun en la noche el anciano se arranca la mordaza y recupera el habla
y entonces parece habitar entre los que ya se fueron
como último superviviente de una tripulación de sombras.
Los nombra uno a uno y los reconoce cuando vienen
a sentarse a su lado a contarle viejas historias
en la desierta estancia que se llena
de una sobrecogedora marea que arrastra
los fragmentos desvencijados de su vida en la penumbra.

Pongo mi mano sobre su hombro
de viajero incansable de un navío en ruinas,
devorado, agotado, derrotado por el tiempo
y lo siento a él como la mejor ofrenda
de un pequeño universo silencioso
que aun brilla y arde en sus ojos.

Pongo mi mano sobre su hombro
y reconozco en su destino el mío.



Publicado por JuanBM

27 agosto 2006

Su mirada es una puerta abierta


Su mirada es una puerta abierta
en mitad de la ciudad cerrada
desde donde me llama el rumor de un bosque,
el bosque secreto de su existir.

Umbral silencioso y cristalino
donde comienza un camino frágil
como una lluvia pequeña que cala,
tanto que cierro los ojos
y puedo seguir viéndola a ella,
y en ese umbral de luces y gozos tiemblas.

Su mirada, donde llega el rumor de humedales,
donde una barca de bruma
amarrada entre juncos largo tiempo
espera su otro pasajero viaje al clamor,
meciendo las aguas ensimismadas
que cubren las raíces del otro viejo árbol de la vida.
Allí donde las palabras tejen su mimbre
con blanca vestidura de viento, dibujando su desnudez.
Allí, selvas en penumbra y arenas de sol,
en el viaje hacia el ocaso que revive tras la ciudad ciega,
donde la hiedra esconde las manos entregadas
en el oficio de tejer caricias
abriendo el temblor y el silencio,
como se abren cartas olvidadas de derrotas y otoños
y el tiempo recobrado que surca la piel estremecida
en el puro son de la vida.

Y esas manos que tejen caricias abren los cuerpos,
la memoria y el símbolo de la palabra perdida
donde mana lo que se quedó en la sombra
y en el lodo del tiempo
y en largas callejuelas de soledades
llenas de olvido en el descomunal vacío.

Abren el doloroso intento de amar la vida
en el equinoccio de un cuerpo encendido,
el puro ser esculpido en su reflejo de hemistiquios.

El doloroso intento de hacer la vida.
La canción azul que brota como manantial
de misterios que dibujan ternuras
en los páramos de la escarcha del dolor.

Abren la lluvia de la tempestad que deshace
la faz de lo cotidiano de un día,
y otro, y otro y otro más,
tan vacíos como el silencio de las cosas,
y descubre las cenizas de los días que nos labran,
la intemperie, la caricia y la cicatriz,
la memoria olvidada de amor y dolor,
la presencia frágil donde toda belleza nace.

Abren los ojos, los territorios ignotos, la silenciosa salvación del amor,
los jardines perdidos donde libres nos atrevimos
a tomar una mano, a besar unos labios;
la consumación del corazón que se entrega,
la balsa del naufrago, el oasis de todas las noches de ciénagas,
la palabra sensitiva de la carne alzada en el silencio
en la ceremonia desnuda del ansia.

Y todo brota del mismo costado herido
como embocadura de guitarras,
donde se oye un ser oscuro
que vaga por un camino de niebla y lava.

Y renovado ese amor a la vida que pasa por ella,
dejas un beso en sus labios,
un abrazo entre sus brazos abiertos,
el calor de tu cuerpo en el suyo.
Dejándolos ser volcán o violetas,
furia o nube, canción o azul,
que ella guardará en las entretelas de su vivir,
como tú guardarás su mirada querida
que ya habita en ti.



Publicado por JuanBM

24 julio 2006

Olvidados hombres y mujeres de mi tierra



Olvidados hombres y mujeres de mi tierra,
habitantes ahogados en el fango del olvido,
vuestro es el secreto escondido que guardan
los paredones derruidos y las tapias
que ya no existen y que fueron esculpidas por las balas
para arrancarle a la carne su sueño definitivo.

Olvidados hombres y mujeres de mi tierra,
hermanos de las amapolas sembrados
cual dolor de siglos de los condenados de la tierra,
vertidos en sangre regando las cunetas
de los caminos perdidos del tiro en la nuca,
humillados y extinguidos, desaparecidos sin rastro
llevados a las cárceles del silencio,
condenados como raza maldita
a no ser ni existir, ni siquiera a haber existido,
sin nombre y sin tumba, donde poder ir a lloraros,
aniquilados por la razón atroz del más fuerte
que se cree el más justo por la gracia de Dios.

Y después se hizo la paz victoriosa
pero existir fue más que nunca
morir cotidianamente en el luto de callar
y no poder ser ni en sueños, perseguidos
en el paisaje atroz del odio y la obediencia vigilada,
un cementerio inmenso de vidas vaciadas y robadas,
el sacrificio obligado a Dios y la Patria en el altar de la Historia,
y abril fue definitivamente ya sólo un mes más en el calendario
con una estampa ridícula, como una mueca absurda.

Olvidar a golpe de látigo, de hierro ardiente en la memoria,
a golpes y amenazas de fusil que abril era el río más transparente
nacido en el vientre enlutado de la miseria entre esparto y arpilleras
de hombres y mujeres sedientos sin tierra y sin pan,
que nunca fueron niños sino prematuramente adultos encallecidos
que soñaron la libertad y la fraternidad de los hombres,
de todos los hombres.

Que abril era la resurrección del dolor de siglos,
la fiesta sin ceremonias de la primavera
de rescribir la historia escrita sin los hombres humildes.
Abril, la niña querida por todos,
abandonada y rechazada por Dios y su justicia prometida
que quería tejer todos los sueños en el abrazo humano de las fraguas
donde los yunques cantaban su canción contra las cadenas.
____________________________________________
Foto del cartel del concierto celebrado en Rivas, tomada de:
http://www.elangelcaido.org/comunicacion/040/040republicanos.html

07 julio 2006

Noche, entraña del mundo



Noche, entraña del mundo,
bahía premonitoria de versos silenciosos,
lodo oscuro de los caminos sin nombre,
tinta negra vertida que contiene la historia jamás escrita.

En ti la larga espera de la germinación de los siglos.

Los sueños de los hombres desatan
sus oficios y vestiduras y te pueblan,
libres, siendo tu corazón negro infinito,
las tenues presencias de tu morada,
con su furia forjadora de fraguas,
con su azogue de estrella alzada
por miles de manos invisibles.

En tus confines oscuros milenarios
el amor regresa de sus exilios
y el anciano vuelve a ser un adolescente
que siente el fuego único en sus labios de un beso,
y ríe inconsciente en la salvación del olvido.

En ti, Penélope deshace
el paño de su esclavitud,
y alguien cierra una maleta
y corre por las calles inundadas de soledad
a coger el tren que te atraviesa
no sin antes suplicar entre lágrimas
donde la luna se derrama
el nacimiento profundo de otro vivir.

Y alguien en ti odia para volver a amar,
astillando la anestesia de las derrotas,
construyendo con sus venas ardientes
de pequeños ríos de fiebres cósmicas
la embarcación para un nuevo viaje
en la desembocadura del alba.

Noche, entraña del mundo,
yo te traigo en este silencio vivo
mis sueños sedientos de infinitos caminos.

30 junio 2006

Raíces



En el camino borrado de un recuerdo,
un niño acude a la hoguera de los atardeceres
en la balconada de una ribera
como se acude a un destino esperado
que estuviese escrito en la sangre y en un sueño,
donde tiemblan los azules y los primeros luceros
y el sol es un caballo rojo de crines de fuego.

Y allí, el niño llora alegre sin preguntarse por qué.
La hermosura sin nombre es la honda caricia
que siente derramarse en la lejanía del horizonte
y en la voz dulce del viento que juega entre los árboles.

Todavía no sabe que esos atardeceres serán sus raíces,
y las raíces las cuerdas de un instrumento
que el paso de los días rasguearán una y otra vez
haciendo brotar los acordes oscuros del corazón,
que dejarán el candil en la ceguera,
el alba de la rosa en la ceniza,
la ternura del dolor prendida en la espina,
el agua frágil de las derrotas
que labrará sobre la roca dura
el oscuro rastro de la belleza peregrina.

Un hombre se adentra en la edad
y después del sueño tras despertar sobre su cama
vuelve a ser por unos instantes un niño que dibuja suavemente
con su mano en el cuerpo desnudo de su compañera
un ser invisible de piernas enjutas
que tiene por corazón un sol intangible.

17 junio 2006

Vida de las cartas de amor


La lluvia torrencial diluye la tinta
de las palabras inmóviles de viejas cartas de amor,
palabras ajadas de nuevo vivas, convertidas
en moradas amapolas silvestres
cuyos pétalos antes fueron
la celebración inagotable de un tú,
abrazos estremecidos de enfebrecida carne,
besos dulces de llamas entre los azules inmensos.

Ellas que no tienen vocación de ser vanas,
se escapan fugitivamente con el destino de la lluvia al silencio,
al breve riachuelo, a las callejuelas solitarias, a la tierra al fin.
Y allí aguardarán inefables, siendo la canción callada
de la belleza imprevisible que acecha ser descubierta.

Arrebatarán sigilosamente el corazón de otro hombre
que habitará el insomnio y el delirio hasta rescribirlas.
De ese hombre que se emborrachará hasta la extenuación
de la celebración inagotable de un tú,
de abrazos estremecidos ciertos o anhelados,
de besos dulces de llamas entre los azules inmensos
y escribirá cartas de amor hasta la estación del desamor,
de las lágrimas y las lluvias.

03 junio 2006

Miro el crepúsculo desde esta habitación



Miro el crepúsculo desde esta habitación
donde nos amamos contra la historia con mayúscula,
que nunca sabrá de nosotros.

Sólo dos seres entrelazados, cuerpo a cuerpo,
minúsculos, frágiles, pero nunca dos hebras de un jirón
atrapado en alambre de espino,
que el viento agitara al unísono.

En estos besos, en estas caricias,
en esta alegría de albas y ocasos
siento que reconstruimos lo universal
de las pequeñas razones.

Tu risa me devuelve la sonrisa.
Tu mano tocándome
me dice que soy piel y encuentro, alegría.

Al fin ser en un silencio vivo,
plenitud hecha canción para la vida.

Aquí en este lecho anidan las flores,
y algo tiene la misma alma que la lluvia
y el mismo gemido que el volcán.

Sobre este lecho una historia de dos
como dos ríos invisibles sostenidos en el tiempo,
alquimias de la sangre que arde
entre los días azules y grises,
entrecruzando una estela de vida, memoria y sombras,
corazones trenzando la belleza sin nombre,
de un amor naciente sin forma previa ni molde,
que se mira y se encuentra en la llama,
y en la noche, y en el viento que susurra,
y en la delicadeza sagrada del alba,
como en un espejo y un idioma imposible.

Aquí tenuemente nos reconstruye nuestro amor
de no ser amos para el otro,
nos restaura contra el orden de las cosas,
contra la lógica, llenándonos de luz sobre los días.

Aquí sencillamente inocentes,
aquí estremecidos como los primeros
y los últimos seres.

Ser ante tus ojos,
porque tu amor me llama a ser,
a llenar los días azules y grises
tocando el corazón del tiempo.



27 mayo 2006

Me estremeces



Me estremeces
y es toda mi vida la que a la vez
te mira por estos ojos cansados
a veces inundados de derrotas y melancolías.

Todo lo que he vivido hasta lo más terrible
cobra sentido en este instante
en el que te encuentro,
tanto es así,
que sin toda esa carga de viajero,
sin ese bagaje de delirio, de amores y dolores,
sería ciego y no te hubiese encontrado,
como el sordo en mitad de una melodía
que no acierta a descubrir, ni a saber cierta
en mitad de días y alboradas.

Todo ello y tú,
en la vida abierta presentida
en la danza del silencio.

Todo ello también era un camino a ti,
el único don tras el sendero
de lo inútil y lo doloroso.

Todo ello, lo supe después,
era abrir los sentidos futuros,
porque un extraño anhelo
se escribía en mi ser tras la locura.

El dolor baldío fue raíz del amor futuro.
Las heridas y las deformidades,
las soledades blancas y opacas,
las bellezas de este hoy lleno de clamores
en el vértigo y los arpegios de los días.

El filo del abismo sembró la serenidad,
el sueño, como otro viaje, deshizo
la cartografía del desamor y de la soledad.

Y así mi misterio se teje junto a tu misterio,
así, en este silencio en el que me siento vivo.

La extraña alianza de la lluvia y la tierra sedienta,
la rosa única e irrepetible que forman
los labios y las lenguas de fuego que se juntan en un beso,
las vidas llamadas a unirse,
la partitura escrita en la sangre que interpreto
como mi más sincera verdad.

Todo ello me lleva, como en otro viaje abierto,
a tu delicadeza, a tu música callada que me despierta.

17 abril 2006

Sólo después




Sólo después del largo camino
en los adentros del corazón,
los ojos se abrieron y encontraron,
hasta entonces siempre fueron ciegos.

Sólo después de escuchar el susurro y la canción interior,
todo fue descubrir la música de la intemperie.

El encuentro y la danza de la intimidad y el mundo,
literatura inefable escrita en lo más vivo.

05 abril 2006

Nunca antes dije a nadie



Nunca antes dije a nadie:
me dejaré llevar por tus ojos,
y te seguiré por amaneceres,
por arrabales y naufragios
despojado de asideros y miedos.

Y te seguiré. Iré a ti. Iré contigo.
Y me desvelarás de mi yo dormido.
Me liberarás de palabras viejas y manidas,
amarilleando de desencanto.

Acaso el amor sólo sea
salir de uno mismo,
dejar la casa paterna y la patria,
hacerse viajero
llamado por otras realidades.
Hacerse mestizo,
dejando pasar la vida por nosotros,
sin resistirnos a su clamor
de mar que se desgarra
contra las rocas.

21 marzo 2006

La rosa

Dejo atrás los viejos dolores en la ceniza, el tiempo del olvido,
dejo atrás la realidad natal y a mis dioses iracundos
sin la dedicatoria de mis días.

Roto ya el gozne oxidado, sólo quiero ya la rosa.
La rosa que se descifra detrás del miedo,
que llama en el viento, en el horizonte
y vibra en los días sin mentira.

La rosa que es rosa porque se da viva,
más cierta que la rosa misma.

La rosa diminuta y cósmica, la isla del sentido, la ofrenda imprevisible,
la rosa que arde en el rastro de unos ojos sinceros;
la rosa que es un dibujo en el vaho de los días vacíos
por el que se ve la desnudez de la nada y el camino único
que nos espera en algún lugar como una mano tendida,
como un lecho donde alguien dibuja nuestro hueco que le falta.

La rosa salvaje que se desanuda en las palabras,
que vive en los besos como animal indómito
y urde y teje el símbolo y el signo de las entrañas.

La rosa perdida que no nos abandona; la rosa traducida
en el hondo río de la vida, en el anhelo del corazón;
la rosa universal que todos los seres conocen
en el silencio en el que lo inaudito
nos desarma y nos desnuda de viejas razones;
la rosa que nos despierta y nos vuelve la rosa única.

La rosa, la pregunta que nos interroga y nos hace renacer.

La rosa, las entrelíneas de una carta de amor
que no nos atrevimos a escribir nunca.

La rosa única de un encuentro,
la rosa, la senda de tu misterio,
celebración de que tú eres la rosa,
simple y sencillamente tú.

La rosa, animal despertado de su ausencia
con su delirio y su sed de vida.
Niño que fuimos alguna vez que viene a visitarnos,
y nos trae un pájaro de nubes entre las manos.

Sólo quiero ya la rosa, tu misterio de rosa,
tu forma de rosa, tu sed de rosa.



15 marzo 2006

Tu belleza y mi sangre se hablan sin palabras


Tu belleza y mi sangre se hablan sin palabras,
se miran, lo siento aquí en el corazón estremecido
y en cada sentido llamándome,
convocándome sencillamente a vivir,
abriendo un rastro en el tiempo,
como las flores se abren al sol
ciega, lúcida, vivamente
sin importar la desolación, la muerte, el fin.

Tu belleza y mi sangre se hablan sin palabras.

Tu belleza que lo es por ser lo más vivo,
rosa frágil de fuego y de ímpetu contra las losas,
contra lo cotidiano gris, contra la domesticación,
contra la razón oscura cuando la razón
es lo que hay escondiendo la muerte.

Tu belleza y mi sangre se hablan sin palabras.
Siento su hacer inefable cual promesa
que hubiese existido antes de ser pronunciada,
vida que despertara entre las cenizas
y llamara a días, soles y caminos recobrados.

Tu belleza y mi sangre nos llaman
sin pronunciar nuestros nombres,
palabras jamás dichas sin bordes afilados.

Dicen un mundo minúsculo mientras sonríes.
Más allá de nosotros mismos,
rompen las palabras para que podamos nacer de ellas,
horadan el ayer que nos ciega.
Dicen mar, dicen caricia, atardecer cálido,
dicen todo el abismo florece en tus labios,
sin preguntar si me amas o si te amo.
Sin saber que será mañana
o si todo fue mañana,
un espejismo que nos hizo vivir y renacer.
No preguntes por qué, sólo maravíllate de su grandeza.

Se dicen: mira la luz escrita en la arena
tiene el mismo misterio que tus ojos encendidos.

Cantan un rastro dulce en los labios,
otro mar inmenso, invisible.

Tu belleza y mi sangre se hablan sin palabras.
Sonríen rojo color de anhelo.
Dicen emociones hechas
de las flores salvajes
que cultiva el niño inocente
perdido en el tiempo.

Juegan dulcemente.
Danzan siendo el misterio del ser.

Tu belleza y mi sangre se hablan sin palabras.

Se tocan el corazón
saliendo de sí mismas exhaustas,
perdidas en mitad de ciudades
donde todos somos extraños.

Dicen despertares de colmado llanto,
a borbotones con ansia de animal,
y todo se explica sin nombre y sin delirio.

Se dejan a sí mismas llevarse
en la espuma marina del abrazo
que dibuja seres, formas como las nubes.

Y todo cabe en un temblor
y en un murmullo leve y frágil,
sin palabras que sirvan para ser cárcel,
sin vocabularios como cajones vacíos
donde el alba ya no es alba,
porque perdió el rastro de su realidad.

Se convocan con palabra viva,
palabra del sueño que nace,
dice, enciende, que vuela y toca
el fervor de la sangre
prendida en tu semblante,
ardiendo en tus ojos
y resuena con su silencio
dentro de mí.