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18 noviembre 2007

Os meninos de Portinari

Tudo era esquecimento, menos o coração.
Guimarães Rosa


I
Entró en el museo no porque le gustaba el arte. El hombre huía de la tempestad que inundaba la ciudad en aquel fin de tarde. Le informaron que allí había un pequeño café por donde esconderse un rato; pensó que también sería bueno un poco de silencio, su cabeza dolía.
Lo que sucedió poco tiempo después es que fue algo extraño, pero cuando se dio cuenta, las lágrimas lavaban su rostro. Como un sueño, los colores daban vida a los niños dentro de los cuadros; ellos corrían y jugaban, volaban y sonreían. De repente, le pareció que el menor de ellos le llamaba... quería mostrarle un lugar...
II
De ojos cerrados, más allá del gris y de sus montes de cenizas, debajo del polvo de los días, un hilo de agua dulce. El camino hasta un río y las aguas reflejando olvidadas acuarelas. La mirada inicial.
III
La mujer ya le iba a preguntarle por dónde diablos se había metido hasta aquellas horas, pero se detuvo al ver sus ojos luciendo recientes lágrimas, mirándola como en los tiempos de las inmensas ternuras… (tantas saudades). Dentro de la música silenciosa, el calor de los abrazos diciendo adiós a un largo invierno, los labios tejiendo delicadezas.
Entonces fueron a ver al hijo adormecido (cómo son leves los ángeles...). Y planearon ir a la playa el fin de semana (tomado de alegría, el hombre se recordó que todavía sabía construir castillos de arena y cometas para colorear el cielo. Y dentro del pecho, un deseo profundo de enseñarlos al pequeño).


Meninos com carneiro

Moleques pulando celaMeninos brincando Cambalhota A árvore da vida

Nota: las pinturas son de Candido Portinari, artista inmenso. Para conocer su obra profundamente humana, visitad su acervo virtual en: www.portinari.org.br