27 marzo 2010
Como el agua dormida
Como el poeta cuando no le bastan las viejas palabras.
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Como a água adormecida que guarda em suas profundidades a força do raio.
Como o poeta, quando não lhe bastam as velhas palavras.
Traducción de TANIA
De la serie MANUSCRITO DEL HORIZONTE
13 marzo 2010
Una ofrenda de paisajes desconocidos
Parecía no haber nada, que todo estaba ya dicho, vendido, vivido, consumido, vencido, calcinado. Pero sentías la asfixia entre cuatro paredes blancas. Algo más grande era ahora dolor y sed extraña. Parecía no haber nada pero había en la luz de aquel atardecer una música silenciosa. Como encontrar un libro viejo que hablaba del olvido de los hombres. Un libro perdido y encontrado, que desmentía esa cotidianeidad cerrada que algunos hombres llamaban realidad y que para ti era una ceguera aprendida y un dejar fuera las entrañas y al hombre mismo. Igual que el libro era un signo, una puerta abierta, un camino entre la niebla. Había otros. El horizonte que habitaba en el pecho de aquellos otros hombres olvidados y desaparecidos en una noche sin orillas construida por otros hombres.
Bandadas de aves en la altura cruzan la ciudad, se dirigen a la hoguera del ocaso. Algo en ti pide en su mudez seguir el mismo rastro. Ir más allá, entregarse al silencio que guarda lo perdido, lo olvidado y lo invisible. Afirmar en la negación o levantar la voz cuando otros callan. Hacer de uno mismo una ofrenda de paisajes desconocidos.
Parecia não haver nada, que tudo já estava dito, vivido, consumido, vencido, calcinado. Mas sentia a asfixia entre quatro paredes brancas. Algo maior era agora dor e sede estranha. Parecia não haver nada, mas havia na luz daquele entardecer uma música silenciosa. Como encontrar um velho livro que falava do esquecimento dos homens. Um livro perdido e encontrado, que desmentia esse cotidiano encerrado que alguns homens chamavam realidade e que para você era uma cegueira aprendida e um deixar fora as entranhas e o próprio homem. Como o livro, que era um signo, uma porta aberta, um caminho entre a névoa. Havia outros. O horizonte que habitava o peito daqueles outros homens esquecidos e desaparecidos em uma noite sem margens, construída por outros homens.
28 febrero 2010
Sobre coisas simples
Ia redescobrindo que coisas simples faziam o seu coração florir. Desde então, sentia as suas mãos cada vez mais leves. Cheios de delicadeza, seus dedos tocaram aquelas palavras. Estavam inundadas de luz. E essa luz era suave como o sol que se esparrama sobre nós numa tarde de primavera. Suave como o vento às vezes acaricia a pele. Como o cheiro guardado em alguns livros ou as paisagens que só podem ser vistas nos sonhos.
Yannis Ritsos
Escondo-me atrás de coisas simples,
para que me encontres.
Se não me encontrares, encontrarás as coisas,
tocarás o que minha mão já tocou,
os traços juntar-se-ão de nossas mãos,
uma na outra.
A lua de agosto brilha na cozinha
como pote estanhado (pela razão já dita),
ilumina a casa vazia e o silêncio ajoelhado,
este silêncio sempre ajoelhado.
Cada palavra é a partida
para um encontro - muita vez anulado –
e só é verdadeira quando, para esse encontro,
ela insiste, a palavra.
(Tradução de Eugénio de Andrade)
*
El significado de la sencillez
Yannis Ritsos
Detrás de las cosas sencillas me oculto para que me encontréis.
Si no me encontráis, encontraréis las cosas.
Tocaréis lo que tocó mi mano,
se juntarán las huellas de nuestras manos.
La luna de agosto brilla en la cocina
como el puchero estañado (esto también ocurre por lo que digo)
alumbra la casa vacía y su silencio arrodillado
-el silencio siempre está de rodillas-.
Cada palabra es una salida
hacia un encuentro, a menudo frustrada,
y es palabra verdadera, en tanto insiste en el encuentro.
(Traducción de Román Bermejo Lopez-Muñiz)
19 febrero 2010
Algo más fuerte
Traducción de TANIA
De la serie MANUSCRITO DEL HORIZONTE
07 febrero 2010
El mundo es más ancho

30 enero 2010
Escrituras sin autor
23 enero 2010
16 enero 2010
Manuscrito del horizonte
En esta ocasión quiero presentaros gran parte de la serie en la que he estado y en la que sigo trabajando, que he llamado Manuscrito del horizonte y que iré publicando con periódicamente aquí en el blog.
Son imágenes y palabras en profunda unidad. La presentación y el sentido de la serie la podéis encontrar escritos más abajo.
Y aprovecho para desearos un Feliz 2010 que espero lleno de ilusiones renovadas y de creatividad, de encuentros, de amistad, de afecto.
Un abrazo
Juan
Manuscrito del horizonte
A modo de un libro imaginario que pudiera escribirse con instantes, con notas inconexas y con imágenes, que quedasen así unidas en su propia elocuencia para enunciar algo intraducible: la vida que no sabe decirse buscándose en su horizonte.
Un manuscrito vivido, por lo que nos vive silenciosamente, que guardase la escritura de aquello por lo que vivimos. Un manuscrito que no existe, que siempre está por escribirse y reescribirse y que quedará por siempre incompleto. De páginas hechas de búsquedas y rastros. Una cartografía del asombro. El latido de una mirada que ve más allá de las superficies. Un manuscrito hecho de niebla y luces.
Un diálogo con el horizonte. Las semillas perdidas y escondidas en el desierto que aguardan la lluvia para germinar. El mar que desconoce su fuerza desgarrándose contra las rocas. Otra vida dibujada en una mirada inesperada que nos abre la existencia y los caminos. La aventura viva que somos y que habíamos olvidado, rescatada en la caricia de un alba que nos muestra la bahía que nos llama. El rastro unánime de lo que nos vivifica.
Un diálogo con el horizonte donde encontramos encarnada nuestra propia dignidad, nuestro mundo de posibilidades no vividas hondamente sentidas contra lo dado y clausurado.
23 noviembre 2009
Mais além dos postais
é o que vemos, senão o que somos.
Fernando Pessoa
Y de repente, el corazón se dio cuenta de lo que fue forjado en un tiempo sin tiempo.Había ahorrado todo un año para un viaje. Me habían contado tantas veces que, en otras partes de este país, el mar tenía azules y verdes más hermosos que en mi imaginación. Nunca me había ido más lejos, tenía veinte y pocos y los recorridos hasta entonces se limitaban al interior de São Paulo, algunas veces a su litoral. Así busqué una oficina de turismo, fue donde una chica distribuyó cuidadosamente sobre la mesa una serie de postales. ¡Ah!... y los ojos se perdieron, fascinados, dentro de los preciosos paisajes. Qué difícil fue elegir tan solo un lugar...
Cuando el avión partió, un pequeño escalofrío tomó cuenta del cuerpo, pero en la llegada era el alma que se estremecía de emoción, el mar cada vez más visible, como queriendo abrazar la hermosa ciudad. Sí, y cuantos matices puede tener el mar... Entonces se siguieron días intensos. Había que despertar temprano, pues a las siete un autobús ya esperaba delante del hotel. El guía, un chico guapo y simpático, nos llevaba de un rincón a otro – playas y iglesias, ruinas y parques, museos y lugares dónde ocurrieron los hechos leídos en los libros de historia. Quedábamos un rato en cada lugar, el tiempo necesario para ver todos los paisajes que ilustraban las postales y, claro, tomar nuestras propias fotos.
Pero al fin del viaje, nuevamente en el avión, yo intentaba traducir lo sentía. Sí, estaba feliz, ver tantas cosas hermosas pintaba la mirada con nuevos colores. ¿Entonces qué es lo que el corazón intentaba hablarme silenciosamente? Era como si me dijera que había faltado algo...
Luego el pensamiento se volvió para aquellos pequeños viajes de infancia. A mi padre le gustaba tanto viajar. Y si la vida humilde no permitía atravesar grandes distancias, nos llevaba a conocer cada pequeña ciudad alrededor de la nuestra. Me acuerdo que salíamos antes del amanecer y muchas veces sin destino cierto, la carretera casi vacía, el sol desparramando sus primeros rayos sobre las plantaciones, acariciando casas, ríos y montañas. Llegábamos a un pueblo cualquier y descubríamos sus calles y plazas, desayunabámos en una panadería o bar. Y yo me admiraba porque sin más, miraba a mi padre y ya estaba él conversando con alguien, contando y escuchando historias - proseando, como se dice por aquí. Y quien desde fuera viese la escena, pensaría tratarse de una charla de amigos de mucho tiempo. Tenía tal vocación para la amistad, que muchas veces luego estábamos comiendo o pasando algunos días en casa de gente que hasta poco, ni sabíamos que existía... Y nunca pude me olvidar de como la emoción inundaba sus ojos oscuros, a cada despedida. Personas antes desconocidas ya le hacían nacer saudades.
Y me di cuenta de que los próximos viajes habrían de ser diferentes. Sin que un autobús me llevara de un lugar a otro con tiempo marcado. Mis horas precisaban de libertad y comprendí que no pasaba nada no pudiera ver todos los paisajes postales, porque el corazón reclamaba por andar sin reloj. Reclamaba por tener tranquilidad para sentir la música del viento, las caricias del sol o el sabor de la lluvia. Reclamaba oír con atención la voz del mar y de los ríos, de los árboles y de la gente. Reclamaba, sobre todo, tener tiempo para la ternura del encuentro.
Si hoy abro mi caja de postales, me emociono. Porque me acuerdo que más allá de los paisajes allí dibujados, mi alma guarda historias que no están en los libros. La anciana que en los atardeceres se sienta al lado de la estatua del poeta. El pescador que colecciona piedras y conchas para el hijo que va a nacer. La niña que es como una sirenita negra nadando en el mar verde. El chico que con sonrisa tímida invita a bailar. La mujer que se ilumina recordando el día en que conoció su amor. El vendedor de collares que regala una cinta de tejido amarillo, asegurando que, envuelta en el pulso, realiza sueños. El hombre del campo que no contiene las lágrimas delante del árbol plantado por su abuelo. Los artesanos que mientras moldan la belleza con las manos, tejen pequeños cuentos cotidianos. Y tantas otras pequeñas historias, tristes o alegres, de la vida común - como la mía o la tuya. Pero a su tiempo extraordinarias, en la belleza de compartir lo que se mantuvo vivo en el corazón (pues, ¿no es verdad que si te cuento una história mía, te regalo un poquito de mí?, ¿y si me cuentas un recuerdo, no me das un poco de ti?).
Link para una canción aquí.
10 octubre 2009
Acróbatas de la vida

Dicen sí, dicen: amo, anhelo, necesito que me sostengas para no sucumbir, mientras bailan un instante en el aire la danza que la gravedad no puede arrebatarles. Ríen en mitad de la oscuridad y su alegría es la mejor estrella que tiembla por su inmensa vitalidad y que guía a los náufragos en las noches. Se dejan volar aunque no tengan alas en los costados, porque saben que sólo existen si son libres y también saben que danzar en el aire es encontrar su verdadero destino. Sólo tienen un impulso milenario y unas manos abiertas con las que asirse y con las que sostener a sus compañeros del aire, con las que dar aquello que nunca fue suyo.
Dicen: vive, vuela, yo no te dejaré caer, mientras ellos también son llevados por otras manos invisibles en el dulce verano como en la tempestad que todo lo arrebata.
Y si caen en su vuelo imposible, en ese salto mortal, se extinguen en el polvo sabiendo que vivir no es otra cosa que arrebatarle a la muerte su sentido. Haber sido el infinito en el instante de una rosa.







11 septiembre 2009
Entrevista a Jacob Bañuelos en Foto DNG nº 37
Estimados amigos y amigas:
En esta ocasión quiero presentaros el número 37 de la revista FOTODNG, que dirije Carlos Longarela. En este número además de artículos interesantes, como viene siendo costumbre en la trayectoria de la publicación, podéis encontrar una entrevista que he realizado a JACOB BAÑUELOS, por la reciente publicación en México de su obra Fotomontaje, que también ha sido editada en España en 2008.
La obra de Jacob culmina muchos años de estudio en torno a la historia del fotomontaje. Su obra tiene tres núcleos:
- La historia de este género como una de las referencias en el universo de la fotografía desde su nacimiento, su enriquecimiento gracias a las vanguardias y su etapa más reciente.
- Una historia del fotomontaje español, en la que nadie había entrado hasta ahora.
- La perspectiva que abre la era digital para este género fotográfico.
El fotomontaje como creación, como libertad expresiva: “ La realización de un fotomontaje está emparentada con la necesidad de ampliar las posibilidades expresivas de la fotografía; pero también responde a un medio diferente de tratar el medio fotográfico y la realidad. Esto es, exponer una idea a partir de fragmentos visuales distintos o iguales” (1)
También en la entrevista podéis encontrar lo que piensa Jacob sobre la relación entre poesía y fotografía. De hecho a mi modo de ver su obra permite de una manera nítida reconocer esta unidad. Jacob aborda la lectura de imágenes como unidades de sentido, analiza la equivalencia de los recursos poéticos: metáfora, símbolo, metonimia, etc. en la construcción de imágenes. Lo que viene a poner de manifiesto que en la historia de la fotografía hay también una historia de la poesía visual.
Dice Jacob en la entrevista: “la poesía es una experiencia sobre el orden de las cosas, una experiencia por tanto existencial. La poesía siempre nos habla de la existencia, nos pregunta, nos reacomoda, nos sitúa o nos descoloca para decirnos donde estamos”. Y ese numen de la poesía también tiene su lugar en el universo de la fotografía.
Quiero agradecer a Jacob su disposición para responder el cuestionario que le envíe. A Carlos Longarela su publicación en Foto DNG y su difusión generosa, y a Arturo Ávila, quien asistió a la presentación del libro en la Ciudad de la Imagen en México D.F. y tomó las fotografías que aparecen en la citada entrevista y en esta entrada.
(1) Jacob Bañuelos, Fotomontaje, Editorial Cátedra, Madrid, 2008

24 agosto 2009
Homenaje a Miguel Hernández
26 junio 2009
Papiroflexia, de Beatriz Alonso
El título anuncia un tema que tiene que ver con el arte delicado de dar a un trozo de papel la forma de la imaginación. El escenario es una librería de Madrid, para donde somos invitados, con mucha sensibilidad, a entrar por un momento...Espero que os guste.
Las paginas de Beatriz:
web: Cartas sin sellos blog: cartas-sin-sellos.blogspot.com
12 junio 2009
Guardado dentro dos olhos
Agora posso dizer-vos que é dentro dos olhos.
Fernando Guimarães
I
Encontró una excusa cualquiera para salir a caminar sola. Hacía mucho que no regresaba para aquel pueblo, el corazón se sentía extranjero. Atravesó el pequeño puente en forma de arco, que en realidad había perdido su sentido. Antes servía para que la gente lo atravesara mientras el tren cruzaba la ciudad, ahora los raíles casi no se dejaban ver, tomados por tierra y vegetación. Se paró delante de una casa azul, sus ojos se esforzaron por encontrar alguna señal que le dijera que sí, que era aquel el sitio donde había pasado tantos Veranos. Sus manos tocaron la ventana de aluminio, fría.
Una mujer abrió la puerta y, tras un momento, se reconocieron aunque sin familiaridad. Le invitó a entrar, hablaba bastante y parecía feliz por tener a quien mostrar como había quedado todo después de la reforma - de la manera que lo había soñado cuando compró la propriedad. Y no fue por maldad que completó: “todo quedó tan hermoso, ¿verdad? ni vestigio de la vieja casa de tus abuelos”.
Algo dolió en su pecho, pero fue calidez que inundó su alma cuando llegó al patio. No habían derrumbado la planta de jabuticadas. Los frutos, aún pequeños y muy verdes, se agarraban a las ramas con la fuerza y la fragilidad de la vida. Crecerían rápido y luego se pintarían de casi negro, abrigando en su dulzura un sabor de felicidad. Acarició el tronco del árbol, el sol se escapaba por entre las hojas, haciendo caricias en su rostro. Le nació una sonrisa y el pensamiento de que aquella mujer se engañaba, más que vestigios, la vieja casa todavía existía, bastaba con cerrar los ojos para encontrarla.
II
La ventana de madera había ganado el color verde desde el último Verano. Abría para la calle, encontrando al otro lado casas humildes, árboles, una rosa amarilla intentaba huir por entre las rejas blancas. Hesitó en cerrarla, aquella noche el cielo era un mantel negro bordado de estrellas - y tenía la sensación de que, si se atrevía, podía tocar la luna con sus dedos. Al fin decidió ir a dormir. Flores azules decoraban las sábanas blancas, de donde brotaba el olor de tejido recién lavado y tendido al sol por horas llenas. Todo sería silencio si no fuera la canción lejana de los grillos y, vez en cuando, desde la calle llegaban los sonidos de los pasos sin prisa de los enamorados, a veces una risa dulce de mujer.
Un gallo le despertó junto con la madrugada. Se acordó del tren y una sonrisa posó en sus labios, ya nadie extrañaba que se escapara por aquellas horas.
Abrió con cuidado la puerta de la sala, la calle estaba desierta. Los pies iban desnudos sobre el asfalto tibio y, cuando ocurría de pisar en el césped o en la tierra roja, pequeños estremecimientos recorrían su cuerpo.
Las primeras luces del alba pintaban el cielo cuando se sentó bajo de un árbol, ¿sabéis el perfume que tienen los mangos en enero?. Esperó que el suelo temblara suavemente y una pequeña luz apuntara en el paisaje. El tren nunca paraba en aquel pueblo – puntito sin importancia y perdido en el mapa, un día se lo explicaron. Pero, ah... ¡cómo era hermoso ver el tren atravesar el amanecer! Imaginar la vida de la gente viajera, los sueños que se los llevaban dentro. De estación en estación, de abrazos, lágrimas, de encuentros o despedidas. No se demoraba, pronto él se iba cumpliendo su oficio. Desaparecía en el horizonte y, como si inaugurase la mañana, después ya todo era claridad.
El camino de regreso tenía cielo azul y las primeras ventanas abiertas. Entró en la vieja casa, siguió el olor del de café hasta la cocina y se encontró con la sonrisa de Ana. Con un vestido de muchos colores, los ojos negros, las manos batiendo la manteca con tal naturalidad - cocinar era también su manera de amar, olía a flores y a dulce de leche. José ya llegaba con los panes, con su andar sereno, los ojos azules matizados de dulzura y de una saudade que ni sabía de qué, solía decir que había nacido con él.
Alrededor de la mesa, le tejieron historias de la vida cotidiana, pequeño ritual amoroso con sabor de pan y café. Se dio cuenta del delicado rocío que cubría sus ojos. Por un momento, miró para la puerta de la cocina que, abierta, dejaba entrar la mañana y permitía ver el árbol de jabuticabas – repleto de menudos frutos redondos y negros, pájaros hacían fiesta en sus ramas. Volvió a la alegría de Ana, a la voz suave de José, el aire se llenaba con colores de inolvidable ternura. Dos minúsculas lágrimas mojaron su sonrisa.
(Ella no lo sabía aún, pero en esa época empezaba a tomar consciencia del tiempo y, de alguna manera, a descubrir que todo lo que mirase con amor, existiría para siempre.)
22 mayo 2009
Un músico en la sombra
Tocar la piel era tocar el alma y tocar el alma era reverenciar una vida, hacerla despertar, brotar, sentirla adueñarse del tiempo. Sonoridad de gemidos y arpegios, silencios vivos porque la piel es la metáfora de las entrañas, las cuerdas de un arpa oscura que unas manos acarician. Piel, límite y envoltura, espacio de la espera y esperanza, extraño lugar donde vive el ansia del otro. Orilla abierta y labrada en noches y días de soledad y que espera su despertar cuando se pose una mano que producirá un extraño sobrecogimiento y entonces se cumplirá el ser extrañamente devuelto a uno mismo porque alguien ha abierto una verja de un jardín olvidado donde nos encontramos siendo el sonido que nos conduce a la fuente donde brota lo vivo. Piel, límite, cerradura sin llave que abre una caricia real o simbólica. Llevas en la piel el molde de una mano que aún no has sentido y que encontrará allí su destino realizado. Eres como algunas esculturas que parecen entrañar un vacío que es un lugar para el otro capaz de culminarnos.
Entonces el mundo cobraba una dimensión nueva. El mundo, lugar de esa música escondida que habías empezado a oír. Era música la canción de los amantes, el lamento de los solos, la sencilla amistad con su blancura de inocencia. El vacío de algunas vidas. El mundo era también una sinfonía en la levedad donde el rocío del alba temblaba como temblaba el cuerpo en su inmensa fragilidad. Había una sinfonía que el bosque tocaba en tus entrañas, como las luces de aquel café que sumergían la estancia en una semioscuridad que acrecentaban la impresión que la decoración te provocaba. Aquel café que te recordaba a ese otro espacio vital que son los sueños con su olor a incienso, con su tapicería roja, desgastada y manchada que le daba un cierto aire de viejo vagón de tren que parecía llevarte a otros paisajes que podían palparse en su invisibilidad.
Y así descubriste que acariciar otra vida, tan valiosa como la tuya, tan lastrada como la tuya, es haber cumplido un extraño destino que te llenaba de alegría, y la alegría es también una canción que bailan las flores en una plaza soleada de domingo, en el abrigo de la amistad y del encuentro. Alegría, pájaros que surcaban el cielo en su belleza inconsciente.
Sí, hay un músico en la sombra y en el silencio, capaz de hacernos brotar las mejores notas de una melodía única e inesperada. Porque habías descubierto como quien descubre un misterio que no sólo podías hacer una extraña música sino también oírla mirando unos ojos, un semblante. Que todo lo que está vivo de verdad era pura música. Comprendiste que el destino de los hombres es que no se cumplan sus deseos, estando cercados y maltrechos pero que sí se cumplían sus caricias y las caricias podían viajar en el tiempo, podían viajar al pasado y desatar a un ser menesteroso terriblemente herido, podían liberar a los esclavos, cambiar el destino, vencer al miedo, dar la libertad y viajar al futuro aunque ya no estuviéramos presentes en él, quedar allí como una ofrenda sin nombre. Te lo decía tu memoria de lo vivo porque estaba llena de caricias y tu memoria de lo terrible.
Y entonces ¿dónde ocurría la vida que importaba, esa capaz de hacernos renacer una y mil veces? -te preguntabas- y buscabas anhelante esa orilla donde la vida puede ser un pequeño dios que nos salvará de la orfandad de otros dioses. Un pequeño dios que nos salvara incluso de nosotros mismos, porque era encuentro con lo que no somos. Ese encuentro que no es la supremacía de uno o de otro, ni el juicio ni el desprecio. No es adueñarse del otro ni aprovecharse de él. Demasiados altares de sacrificio en las historias personales y colectivas.







































