

El título anuncia un tema que tiene que ver con el arte delicado de dar a un trozo de papel la forma de la imaginación. El escenario es una librería de Madrid, para donde somos invitados, con mucha sensibilidad, a entrar por un momento...Encontró una excusa cualquiera para salir a caminar sola. Hacía mucho que no regresaba para aquel pueblo, el corazón se sentía extranjero. Atravesó el pequeño puente en forma de arco, que en realidad había perdido su sentido. Antes servía para que la gente lo atravesara mientras el tren cruzaba la ciudad, ahora los raíles casi no se dejaban ver, tomados por tierra y vegetación. Se paró delante de una casa azul, sus ojos se esforzaron por encontrar alguna señal que le dijera que sí, que era aquel el sitio donde había pasado tantos Veranos. Sus manos tocaron la ventana de aluminio, fría.
Una mujer abrió la puerta y, tras un momento, se reconocieron aunque sin familiaridad. Le invitó a entrar, hablaba bastante y parecía feliz por tener a quien mostrar como había quedado todo después de la reforma - de la manera que lo había soñado cuando compró la propriedad. Y no fue por maldad que completó: “todo quedó tan hermoso, ¿verdad? ni vestigio de la vieja casa de tus abuelos”.
Algo dolió en su pecho, pero fue calidez que inundó su alma cuando llegó al patio. No habían derrumbado la planta de jabuticadas. Los frutos, aún pequeños y muy verdes, se agarraban a las ramas con la fuerza y la fragilidad de la vida. Crecerían rápido y luego se pintarían de casi negro, abrigando en su dulzura un sabor de felicidad. Acarició el tronco del árbol, el sol se escapaba por entre las hojas, haciendo caricias en su rostro. Le nació una sonrisa y el pensamiento de que aquella mujer se engañaba, más que vestigios, la vieja casa todavía existía, bastaba con cerrar los ojos para encontrarla.
II
La ventana de madera había ganado el color verde desde el último Verano. Abría para la calle, encontrando al otro lado casas humildes, árboles, una rosa amarilla intentaba huir por entre las rejas blancas. Hesitó en cerrarla, aquella noche el cielo era un mantel negro bordado de estrellas - y tenía la sensación de que, si se atrevía, podía tocar la luna con sus dedos. Al fin decidió ir a dormir. Flores azules decoraban las sábanas blancas, de donde brotaba el olor de tejido recién lavado y tendido al sol por horas llenas. Todo sería silencio si no fuera la canción lejana de los grillos y, vez en cuando, desde la calle llegaban los sonidos de los pasos sin prisa de los enamorados, a veces una risa dulce de mujer.
Un gallo le despertó junto con la madrugada. Se acordó del tren y una sonrisa posó en sus labios, ya nadie extrañaba que se escapara por aquellas horas.
Abrió con cuidado la puerta de la sala, la calle estaba desierta. Los pies iban desnudos sobre el asfalto tibio y, cuando ocurría de pisar en el césped o en la tierra roja, pequeños estremecimientos recorrían su cuerpo.
Las primeras luces del alba pintaban el cielo cuando se sentó bajo de un árbol, ¿sabéis el perfume que tienen los mangos en enero?. Esperó que el suelo temblara suavemente y una pequeña luz apuntara en el paisaje. El tren nunca paraba en aquel pueblo – puntito sin importancia y perdido en el mapa, un día se lo explicaron. Pero, ah... ¡cómo era hermoso ver el tren atravesar el amanecer! Imaginar la vida de la gente viajera, los sueños que se los llevaban dentro. De estación en estación, de abrazos, lágrimas, de encuentros o despedidas. No se demoraba, pronto él se iba cumpliendo su oficio. Desaparecía en el horizonte y, como si inaugurase la mañana, después ya todo era claridad.
El camino de regreso tenía cielo azul y las primeras ventanas abiertas. Entró en la vieja casa, siguió el olor del de café hasta la cocina y se encontró con la sonrisa de Ana. Con un vestido de muchos colores, los ojos negros, las manos batiendo la manteca con tal naturalidad - cocinar era también su manera de amar, olía a flores y a dulce de leche. José ya llegaba con los panes, con su andar sereno, los ojos azules matizados de dulzura y de una saudade que ni sabía de qué, solía decir que había nacido con él.
Alrededor de la mesa, le tejieron historias de la vida cotidiana, pequeño ritual amoroso con sabor de pan y café. Se dio cuenta del delicado rocío que cubría sus ojos. Por un momento, miró para la puerta de la cocina que, abierta, dejaba entrar la mañana y permitía ver el árbol de jabuticabas – repleto de menudos frutos redondos y negros, pájaros hacían fiesta en sus ramas. Volvió a la alegría de Ana, a la voz suave de José, el aire se llenaba con colores de inolvidable ternura. Dos minúsculas lágrimas mojaron su sonrisa.
(Ella no lo sabía aún, pero en esa época empezaba a tomar consciencia del tiempo y, de alguna manera, a descubrir que todo lo que mirase con amor, existiría para siempre.)
MANIFIESTO PARA LA REFORMA DEL ART. 53 C) QUE SANCIONA A QUIENES AYUDEN SOLIDARIAMENTE A LAS PERSONAS EXTRANJERAS EN SITUACIÓN IRREGULAR.
“SALVEMOS LA HOSPITALIDAD”
“Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados de razón y conciencia, tienen el deber de comportarse fraternalmente los unos con los otros” (art. 1 Declaración Universal de los Derechos Humanos).
Uno de los deberes presente en todas las culturas, y en algunas, señal de su identidad, es el de la “hospitalidad”. Este deber ético, traducido incluso en forma de sanción cuando su omisión provoca riesgos para la integridad física del otro, está gravemente amenazado en España si prospera la anunciada reforma de la legislación de extranjería.
A la tendencia criminalizadora de la inmigración ilegal (considerar a la persona que quiere sobrevivir desplazándose por el planeta como un peligroso delincuente), se une ahora la de aplicar un marco sancionador a las personas que de manera solidaria ejercen el deber de la hospitalidad, colocando su comportamiento altruista como forma proscrita de”promoción de la permanencia ilegal en España”. Ello pone en automática situación de ilicitud a miles de personas que acompañan, hospedan en sus casas y apoyan a personas sin papeles. De este modo, ONG, Congregaciones religiosas y ciudadanos, que vienen ejerciendo el deber de acogida y la solidaridad para con las personas inmigrantes en situación de irregularidad administrativa, verían perseguida su actuación. Más aún: la reforma pretende ampararse en el silencio cómplice de los ciudadanos ante estos atropellos contra la dignidad humana y los derechos fundamentales.
En concreto, el art. 53 c) del Anteproyecto de modificación de la Ley de Extranjería sanciona como falta muy grave con la multa de 501 a 30.000 euros “a quien promueva la permanencia irregular en España de un extranjero. Se considera que se promueve la permanencia irregular cuando el extranjero dependa económicamente del infractor y se prolongue la estancia autorizada más allá del plazo legalmente previsto”.
Con el pretexto de proteger a los extranjeros sin papeles frente al abuso y las mafias, se incrementa exponencialmente su vulnerabilidad y se les priva de toda suerte de apoyo social solidario. Esta reforma legal tiene una enorme trascendencia ético-política: crea una norma que convierte en ilegal un principio-valor tan estructuralmente necesario en un Estado como es la solidaridad.
El objetivo de esta norma es intimidar a los ciudadanos españoles o extranjeros con papeles para que nieguen toda forma de apoyo a la persona en situación irregular y ésta se quede sin ningún tipo de ayuda, es decir, en la calle, sin comida, ni vestido, ni dinero, para que mediante la presión de esta situación de precariedad absoluta, vuelva a su país. Se olvida que “toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio” (art. 13 Declaración Universal del Derechos Humanos) y que “en caso de persecución toda persona tiene derecho a buscar asilo y disfrutar de él, en cualquier país” (art. 14 DUDH). Ante esta situación, exponemos:
1.- Que hemos constatado, después de tantos años acogiendo y acompañando itinerarios vitales de personas en situación de extrema vulnerabilidad personal y social, el valor de la solidaridad y la convivencia en nuestros domicilios como forma concreta de expresión de corresponsabilidad humana y social con aquellos que no tienen los mínimos de supervivencia –casa, pan y trabajo-.
2.- Que una parte significativa de la responsabilidad de la miseria en que se hallan los pueblos de origen de quienes tiene que migrar a España está provocada por procesos históricos y políticas económicas y colonizadoras (y descolonizadoras) de los Estados del denominado Primer Mundo, que mantiene intereses en el sostenimiento de regímenes no transparentes ni democráticos en el Tercero (incluida, por cierto, la venta de armas y el tráfico de personas).
3.- Que el principio de solidaridad para con los más desheredados del mundo es un elemento ético de legitimación en una sociedad que se denomina democrática, que considera que los bienes de la tierra tienen un destino universal y que ni la propiedad ni las fronteras pueden tener un valor absoluto ante la miseria del prójimo y su derecho a sobrevivir.
4.- Que el Estado español pierde toda legitimidad ético-jurídica cuando legisla contra el contenido esencial de los Derechos Humanos, despoja de todo tipo de ayuda material a las personas en situación irregular y pretende intimidar con graves sanciones a quienes ejerzan la hospitalidad y el cuidado del otro.
Ante ello, con independencia de otras numerosas discrepancias, proponemos al Gobierno, en este punto concreto, como auténtico mínimo ético, que modifique el Anteproyecto en el sentido de incorporar al texto normativo la necesidad de “ánimo de lucro”en el infractor para que pueda ser sancionable.
PLATAFORMA “SALVEMOS LA HOSPITALIDAD”:
Julián Carlos Ríos Martín. Profesor de universidad. Madrid. José Luis Segovia Bernabé. Profesor de universidad. Salamanca. María Dolores Rodríguez Pelaez. Ciudadana. Miguel Santiago. Profesor de Instituto. Córdoba. Ramón Saez Valcárcel. Magistrado. Madrid . Daniel Izuzquiza. Sacerdote jesuita. Madrid. Pilar Sánchez Álvarez. Abogada. Madrid. Enrique Romá Romero. Veterinario. Alicante. Javier Baeza Atienza. Sacerdote. Madrid. Guillermo Toledo. Actor. Félix Pantoja García. Fiscal. Luis Guitarra. Cantautor. Madrid. Siro López. Artista. Madrid. Rafael Pascual Díez. Abogado. Madrid. Manuel Gallego Díaz. Profesor de Universidad. Madrid.
Nombre: Apellidos:
DNI/NIE:
Profesión:
Colectivo/Asociación, si procede:
Enviar firmas o correos electrónicos de adhesión a una de las dos direcciones:
Julián C. Ríos Martín
jrios@der.upcomillas.es
Universidad Comillas
C/Alberto Aguilera nº 23.
Madrid 28015
Manuel Gallego Díaz
mgallego@der.upcomillas.es
Universidad Comillas
C/ Alberto Aguilera, 23
Madrid 28015









