04 noviembre 2010

De saberes indígenas

“A veces, un sacerdote (pajé) toma a un recién nacido en brazos, canta y baila de alegría por haber visto aquellos ojos. Después pone al niño el nombre de un ancestral que volvió en la mirada de aquel niño para enseñar canciones, ritos y ceremonias antiguas. El ojo de ese niño es como el agua del río que pasa todas las mañanas por allí. No es la misma, pero trae siempre la misma memoria. Nuestro monumento más antiguo no es ningún edificio o pirámide. Es nuestra memória”.

Fragmento de la entrevista de
Ailton Krenak
(Alianza de los Pueblos de la Floresta)
Revista Año Cero, febrero de 1992
***


Siempre me impresionan esos pequeños encuentros que la vida cotidiana nos regala. Entras en un café y pide un agua para espantar la sed. Alguien surge de repente, se sienta a tu lado, te cuenta algunas historias y se va. Pero se queda, por ese momento único compartido.

No hace mucho conocí a Paulo, así es llamado en la ciudad, aunque tiene otro nombre en su lengua tupi, pero yo no conseguiría escribirlo. Hace dos años vive en São Paulo, vino a aprender y a enseñar - un poquito, me dijo humildemente. Volverá a su tribu en pocos meses. No se siente aturdido en medio a tantos predios. Y es porque los árboles le salvan – ¿entiendes la fuerza de ese decir de los árboles, que se visten de verde sin ningún pudor entre el gris y el asfalto?. Y es también porque sus ojos tan negros están llenos de floresta y de la vida de toda su gente, con la belleza de sus tradiciones. Eso se dibujaba en su mirada mientras me contaba pequeñas histórias y leyendas de su lugar.

Creo que perdí un poco la noción del tiempo y me entristecí al darme cuenta que ya se hacía tarde. Él me acompanó por una parte del camino y después siguió el suyo. Me dejó un papel donde escribió los títulos de unos libros, si acaso me interesaban. En uno de ellos encontré ese fragmento de la entrevista de Krenak. Me dio ganas de compartirlo con vosotros, en esta casa, tras todo ese tiempo de silencio (echaba de menos vuestra compañía).

Las pinturas son de Jaime Trindade, expuestas en una plaza de la ciudad de Embú.

5 comentarios:

Indigo dijo...

He empezado a leer. El extracto de la entrevista, espléndido. ¿y qué decir de las miradas que la ilustran? Aún no me había dado cuenta de que eras tú, Tania, la que transcribía. Luego, ya sí. Bien, sabes, Tania, que tu presencia y tu palabra, aquí, me colman. Un abrazo silencioso e inmenso. ¡Me alegro!

Juan Bautista Morán dijo...

Querida Tania:

Siempre me quedo fascinado por tu manera de encontrar en la realidad cotidiana lo que para otros pasaría desapercibido. En tu caso, es esa gente sencilla que guarda pequeñas inmensidades como la que narras en esta entrada.

No sé como será Sao Paulo, pero me encanta pensar que hay un lugar donde la gente tiene tiempo para hablar en encuentros fortuitos. Compartir una mirada, una sonrisa o un pensamiento.

Y lo digo porque generalmente un gran número de personas "no pierde" el tiempo ni siquiera en mirar a quien tiene enfrente.

Bueno, yo también te deseo un hermoso fin de semana, desde aquí, desde este otoño bañado en un sol ténue.

Clarice Baricco dijo...

Qué ganas de leerte. Tanto que tienes que decir y tener que esperar, pero la espera vale la pena.
Me sentí que estaba ahí.
Aún es necesario tocar a las personas. Y tú nos tocas.

Abrazos hermosa.

Santos dijo...

Gracias, Tania, por volver a deleitarnos. Tu sensibilidad deja siempre un reguero de sosiego. Besos.

Tania dijo...

Queridos Índigo, Juan, Graciela y Santos:

Muchas gracias por los comentarios y por vuestra compañía... es muy hermoso poder estar entre vosotros.

Abrazos afectuosos…