30 marzo 2007

Elogio de la escritura y 4


Palabra apenas música

consumación pura sin sentido o transparencia

sólo tú podrás liberar el ser cautivo.

Serás fuego y agua de fuego
relámpago de blancura ondulando en las tinieblas

de un material océano.

Serás la improbable e imposible maduración
de la fragilidad de una columna de sombra

y de la paralela fuerza oculta bajo la ceniza

y no serás más el exceso de un sentido

o de un no sentido

en la efervescencia sagrada
de la pura inspiración.


António Ramos Rosa















25 marzo 2007

Elogio de la escritura, 3

No alcanzo otra inquietud que la de ir buscando
palabras de existencia, la tinta que descubre
la duda y el fulgor, el pozo de su mina.

Vivir es compartir, amar lo aún no extinto.
Tentar las apariencias con la obsesión del ciego.
O dicho de otro modo: oír, mirar de frente
al silencio que pasa con dolor y espesura,
esculpiendo en los versos el vidrio y su caricia,
el tiempo de lo humano, el deseo del mundo.

Fragmento del poema Vivir de Justo Jorge Padrón








17 marzo 2007

Elogio de la escritura, 2




Y acaso el misterio de las palabras sea ser cañamazo, urdimbre, donde cada uno coloca la argamasa imposible de su vida única. Digo la palabra sol y en ella caben tu sol y el mío. Digo la palabra esperanza y en ella tejen cada uno de tus sueños el ser y la sombra de la misma palabra. Y caben en su raquítica grafía, en su semblante de escualida jirafa, las vidas narradas, los viajes, las soledades y los encuentros. Los amores imposibles y los ciertos. En las palabras narradoras la niñez y la vejez se dan la mano. Caben los viajes, los ecos de trenes, los bosques ciertos o simbólicos.

Y así las palabras son las ventanas que abrimos para ser comprendidos en nuestro propio misterio, para compartirlo con los otros. Nuestras propias palabras y su minúscula fuerza contenida, umbrales y vitrales, cartografías de aire y y tinta negra derramada.

Un texto incomprensible nos resulta como un muro desconchado de dureza impenetrable, un jardín perdido al que no tenemos acceso, un camino borrado por la niebla de un descomunal secreto. Un texto ilegible, un barco varado sin océano ni memoria en la que naufragar en busca del sentido que está en nosotros esperando la partitura que le de vida, como la escritura de los sueños, auténtico viaje a nosotros mismos fuera del tiempo y del espacio convencional. Y así las palabras son nuestra aurora que desnuda lentamente nuestras propias tinieblas.

Y así la escritura es el telar de Penélope que jamás termina su obra porque está hecha de inmensidades, de giros inesperados, de caminos que se abren en los caminos, de apariencias, detrás de las frágiles palabras en busca de nosotros mismos. Penélope tejiendo y destejiendo, enamorada en su silencio de lo universal y de lo que le da sentido, más allá del reino de lo cotidiano y de la necesidad.

Y están también las palabras del amor donde no caben la ofrenda y la entrega que nace en nosotros, tanto es así que hay que inventar nuevos idiomas y vocabularios, o romper su sintaxis de tienda antigua donde en cada cajón de madera manida se guardan esencias y purezas que nada tienen que ver con lo que queremos expresar. Las palabras del amor que dibujan selvas salvajes y llamas, donde la carne es la palabra misma abriendo su infinito y su transcendencia.

Y de todas las palabras, aquellas unidas íntimamente a nuestro existir y que guardamos como tesoros y que nos rescatan un día inesperado, y que son como llaves que nos abren y nos libran de cautiverios y nos salvan, y nos hacen libres porque tocan misteriosamente las hondas ramificaciones donde la vida se hace y nos arrojan como náufragos a playas desconocidas y cálidas.







09 marzo 2007

Elogio de la escritura

¿Quién eres tú, palabra? ¿Qué persigues?
¿Qué susurro deslumbras en mi herida?
...................................................................
Fúndate en mí, palabra, horada mis pupilas.
Quiero oír en tus frondas la canción de la niebla
y edificar contigo el latir de la magia.

¿Quién eres tú, palabra?
Justo Jorge Padrón


Derramas la negrura sobre un blanco papel. Los ríos de tinta. Las espumas que labran
el retrato del ser. Dibujas el mapa imposible y el cáliz de tu ofrenda. Como alfarero de
sombras, tus manos amasan con claroscuros entre la niebla cotidiana el juego con la
belleza que se desnuda en su propia luz y en su oscuridad.

Y naces de las palabras, de su lodo, porque son tu gesto y te contienen en su fragilidad
que horada la lluvia. Emerges con ellas como de la nada. Y son tu pequeño tesoro y tus
manos abiertas, porque dan fe del clamor de unos labios, de un camino polvoriento, de
un erial que en metamorfosis se convierte en el jardín habitado. De las lágrimas y de los
encuentros. De las habitaciones sórdidas de todos los exilios. De la carne estremecida
hasta sus últimos recodos.

Y te buscas entre las palabras, en sus costuras, en sus rebordes, en sus luces
intangibles, en su caligrafía de la sangre y del abismo, en su tintineo de arrebatadora
ansia que anida en la sombra de quien las derrama, porque escribir es abrir el pecho y
la memoria y el deseo. Es abrir nuestro propio tiempo, hacerlo nuestro y habitarlo.
Intentar la veracidad única que nos pertenece en viaje interior al dolor y a la vida.



Serie fotogáfica que he llamado elogio de la escritura y que trata de explorar el mundo de sensaciones que provoca la propia palabra y la literatura.

04 marzo 2007

Lembrança tocada pelo vento

El recuerdo puro no tiene fecha.
Tiene estación.
¿Qué sol o qué viento hacía
en ese día memorable?
Bachelard


Basta con abrir el viejo libro para tocar el viento de aquel día.
En él habita seu João. Aún era un misterio de ropas claras, ojos oblicuos y gestos serenos - tan diferente de la profesora anterior, llena de prisas y que conjugaba el verbo deber como nadie en la escuela. Pues ya se iba la segunda semana de clases y – alegría nuestra - ninguna lección para casa. Recordando bien, ni siquiera en la sala de aula. Parecía que le interesaba menos enseñar gramática y más escuchar tonterías de niños. Charlas sobre cometas, hormigas, baños de río y piernas lastimadas por caídas de los árboles tenían gran importancia.
Pero, aquel día - viento fuerte, tan fuerte - no fue dedicado a la conversación, o a la prosa, como decía. Seu João llegó con sus colores claros, nos saludó y se sentó en la mesa. Abrió una sonrisa y un libro de portada verde.
Entonces fuímos a descubrir su don para la hechicería. No había otra explicación. Su voz era un pájaro dando vueltas en el aire y viniendo a posar, inquieto, en algun lugar dentro del pecho. Pues que de repente éramos todos un sólo niño pobre que lustraba zapatos en las calles de la ciudad y hacía confesiones a un árbol. Éramos un Zezé dolorido de miséria y cruel desamor. Corazón aliviado sólo en el encuentro con un viejo portugués - el conocer en fin de la ternura... Y faltaban aún tantas páginas...
Contando histórias, ojos enamorados de palabras, seu João fue abriendo las puertas de un mundo encantado y sin fronteras, de viajes sin fin. Mientras tanto, dona Delair, que cuidaba de la Biblioteca, empezó a quejarse a la dirección porque no tenía más sosiego, que necesitaba ayuda, que no podía con la confusión de niños y, ¿qué hambre era aquella de repente por los libros?...

.....
(Un atardecer, muchos años después, en un banco de plaza, le comenté que era culpado de yo no saber regalar otra cosa a un niño que no fuera un libro con una bonita historia dentro. El viejo profesor, mirada amorosa, apretó mis manos con mucha fuerza. Por un largo tiempo. Que dura hasta hoy.)



Mi Planta de Naranja Lima (fragmento)
José Mauro de Vasconcelos

Comimos huevos, salame, banana, pan, como a mí me gustaba. Fuímos a beber agua en el río y volvimos debajo de la Reina Carlota.
Ya se iba a sentar cuando le hice una seña para que se detuviera.
Coloqué la mano en el pecho e hice una reverencia al árbol.
- Majestad, su súbdito, el caballero Manuel Valadares, es el mayor guerrero de la nación Pinagé... Y nos vamos a sentar debajo de la señora.
Nos reímos y luego nos sentamos.
El Portuga se extendió en el suelo, forró con el chaleco una raíz de árbol y dijo:
- Ahora llegó el momento de echarse un sueñecito.
- No tengo ganas de dormir.
- No importa. No voy a dejarte suelto por ahí, travieso como eres.
- Me pasó la mano por encima del pecho y me hizo prisionero. Nos quedamos un largo tiempo mirando cómo las nubes escapaban por entre las ramas de los árboles. Había llegado el momento. Si yo no hablaba ahora, nunca más lo haría.
- ¡Portuga!
- Hummm...
- ¿Estás durmiendo?
- Todavía no.
- ¿Es verdad eso que le dijiste a don Ladislao en la confitería?
- Caramba, son tantas las cosas que le he dicho a don Ladislao en la confitería...
- Sobre mí. Yo escuché. Desde el coche lo oí todo.
- ¿Y qué escuchaste?
- Que me quieres mucho.
- Claro que te quiero. ¿Entonces?
- Me di vuelta sin libertarme de sus brazos. Miré sus ojos semicerrados. Su rostro, así, quedaba más gordo y más parecido al de un rey.
- No, quiero saber a fondo si me quieres.
- Claro que sí, bobito.
Y me apretó más para probar lo que había dicho.
- Estuve pensando seriamente. Tú tienes sólo a esa hija que vive en “El encantado”, ¿no?
- Así es.
- Vives sólo en aquella casa con dos jaulas de pajaritos, ¿verdad?
- Así es.
- Dijiste que no tenías nieto, ¿no?
- Así es.
- ¿Y dices que me quieres?
- Así es.
- Entonces ¿por qué no vas a casa y le pides a papá que me regale a ti?
Quedó tan emocionado que se sentó y me tomó la cara con las dos manos.
- ¿Te gustaría ser mi hijito?
- Uno no puede elegir al padre antes de nacer. Pero si hubiese podido hacerlo te hubiera elegido a ti.
- ¿De veras, muchacho?
- Te lo puedo jurar. Además, sería una persona menos para comer. Te prometo que no hablo ni digo más palabrotas, ni siquiera “traste”. Te lustro los zapatos, cuido de tus pajaritos en la jaula. Me vuelvo totalmente bueno. No va a haber mejor alumno en la escuela. Hago todo, todo bien.
No sabía qué contestar.
- En casa todo el mundo se muere de alegría si pueden darme. Va a ser un alivio. Tengo una hermana, entre Glória y Antonio, que fue dada en el Norte. Fue a vivir con una prima rica para poder estudiar y aprender a ser gente...
El silencio continuaba y sus ojos estaban llenos de lágrimas.
- Y si no me quieren dar, tú me compras. Papá está sin nungun dinero. Seguro que me vende. Si pide muy caro puedes comprarme a crédito, así como hace don Jacobo cuando vende...
Como no respondiera, volví a mi antigua posición y él también.
- Sabes, Portuga, si no me quieres no importa. No quería hacerte llorar...
Acarició muy lentamente mi pelo.
- No se trata de eso, hijo mío. No es eso. La gente no resuelve la vida así, con una sola maniobra. Pero te voy a proponer una cosa. No podré sacarte del lado de tus padres ni de tu casa, aunque me gustaría mucho poder hacerlo. Esto no está bien. Pero de ahora en adelante yo, que te quería como a un hijo, voy a tratarte com o si realmente lo fueras.
Me erguí, exultante.
- ¿Verdad, Portuga?
- Hasta puedo jurar, como tú dices siempre.

Hice una cosa que raramente hacía o me gustaba hacer con mis familiares. Besé su rostro gordo y bondadoso...

(traducción Haydeé M. Jofre Barroso, Editorial El Ateneo)

23 febrero 2007

La aventura poética de María Zambrano

La verdad que pretende desvelar el espíritu creativo del esteta no es la verdad abstracta sino la más concreta y singular de las cosas que está contemplando o de las experiencias que está viviendo. Una verdad que, además, es aprehendida en todo su esplendor, gracias a que el artista, en su fundamental tarea contemplativa, se entrega a ella desde la integridad de su persona, poniendo a contribución de esta experiencia su mundo afectivo e imaginario, junto a la más fina e intensa percepción que le procuran los sentidos.

Antonio Blanch


I

De vez en cuando vuelvo a la obra de María Zambrano. Su pensamiento es un legado siempre vivo para la poesía y el pensamiento. El destino hizo que ella no tuviera discípulos en universidades que continuaran su labor por la propia tragedia de nuestro país. La misma suerte que corrieron otros muchos intelectuales fieles a la República. La España peregrina. La España del exilio.

Grosso modo, su propuesta filosófica es reconocer que la razón tras siglos de academicismos se había vuelto ciega para las otras razones que latían en las sombras y que eran también razones de vida no desveladas. Negadas, relegadas por una luz que quería ser unívoca y conducía a una extraña ceguera. La filosofía, aquel otro legado de los griegos que amaban la verdad por encima de todas las cosas, incluso de sus dioses en los que no creían demasiado, se había vuelto abstracta y de salón, incapaz de acción, incapaz de comprender y de hacer la vida. Con todo ello la filosofía había perdido esa dimensión que tuvo siempre de ser “camino y cauce de vida”.

La propuesta de María Zambrano es una razón “logos”, que siendo tal, es capaz de descender a las sombras y a los infiernos humanos para enamorarlos y rescatarlos, recobrando la unidad del hombre entre razón y pasión y teniendo en cuenta que los límites entre ambas son oscuros. (1)

María fundamentó una razón capaz de crear los vínculos que nos unen a nosotros mismos. Una razón que abraza su propia sombra, las otras razones que tiene la vida; que las asume, que no las niega. Razón amorosa y respetuosa, en todo caso:

“su verdad está entendida diversamente: no es la verdad excluyente, imperativa, que se deriva de aquello que va a eregirse en árbitro y dueño de toda realidad”. (María Zambrano)

Esa razón es también una razón creadora, es una razón que se llena de entrañas como su Antígona. Es una razón habitada por y para la esperanza porque se busca a sí misma. Es una razón poética, pero no por ilusoria, sino porque en la poesía se produce un viaje interior entre el borde de las palabras, porque la poesía es el reducto a otra luz que ilumina a la realidad no siendo jamás razón tecnológica, sino capaz de manifestar profundos lazos afectivos con lo que nos rodea y al hacerlo se unen razón y vida en una hermandad creadora.

II

Pero donde yo quiero poner el acento es en esa aventura que llevó a María a encontrar su razón ardiendo en la carne de la poesía:

“La poesía es un abrirse del ser hacia dentro y hacia fuera al mismo tiempo. Es un oír en el silencio y un ver en la obscuridad.......Es la salida de sí, un poseerse por haberse olvidado, un olvido por haberse ganado la renuncia total.....Olvido de sí que es despertar en lo que nos ha creado, en lo que nos sustenta.” (María Zambrano)

Si la poesía es una búsqueda y un saber a cerca del ser ¿Cabe, entonces, la posibilidad de una antropología poética?, porque ¿no es cada poeta un umbral donde se manifiesta su ser concreto, su época y también lo universal? ¿No es acaso una ventana abierta a las profundidades que nos habitan?:

“saca de la humillación del no ser a lo que él quiere [el poeta], saca de la nada a la nada misma, a la que da nombre y rostro....se afana, padece, estudia, para que todo lo que hay y lo que aún no hay llegue a ser”. (María Zambrano)

“Entonces la poesía es huida y búsqueda, requerimiento y espanto, un ir y volver, una llamar para rehuir, una angustia sin límites y un amor extendido........Porque no quiere su singularidad, sino la comunidad......Y para ello, se mantiene el poeta vacío, en disponibilidad, siempre....porque sólo cuando esa presencia llegue, llegarán con ella todas las demás, sólo con su plenitud y luz, cobrarán cuerpo y sentido las cosas.” (María Zambrano)

III

¿Es la poesía un saber basado en la vivencia y experiencia profunda de lo humano? ¿Puede encontrarse en los versos una especie de antropología poética? Hubo un intento en aquella obra de Gilbert Durand “Las estructuras antropológicas de lo imaginario” de darle un inicial cuerpo.

No sé responder ciertamente a estas cuestiones, sólo jugar con ellas y recurro a mis poetas preferidos para dibujar una posible respuesta en voz alta:

El delirio y el destino de los hombres entrevisto por Miguel Labordeta

He de caminar
y aún no sé
el nombre de la noche.

He de amar
y aún no sé
si la aventura
tiene un pretexto voraz
o es una rosa lastimada.

He de morir sin duda
y aún no sé si la llama fugitiva
se apaga adormecida para siempre
en el viento del vacío
u otra senda otro ensueño de luz
nos lleva de la mano
hacia delante.

Más allá
de ese viento vacío.

Los infiernos de lo humano, de los que hablaba María, vividos por otro poeta llamado Carlos Bousoño en el poema “El precio de la verdad”

En el desván antiguo de raída memoria,
detrás de la cuchara de palo con carcoma,
tras el vestuario viejo ha de encontrarse, o junto al muro
desconchado, en el polvo
de siglos. Ha de encontrarse acaso más allá del pálido gesto de una mano
vieja de algún mendigo, o en la ruina del alma
cuando ha cesado todo.
Yo me pregunto si es preciso el camino
polvoriento de la duda tenaz, el desaliento súbito
en la llanura estéril, bajo el sol de justicia,
la ruina de toda esperanza, el raído harapo del
miedo la desazón invencible a mitad del sendero que conduce al torreón
derruido.
Yo me pregunto si es preciso dejar el camino real
y tomar a la izquierda por el atajo y la trocha,
como si nada hubiera quedado atrás en la casa desierta.
Me pregunto si es preciso ir sin vacilación al horror de la noche,
penetrar el abismo, la boca del lobo,
caminar hacia atrás, de espaldas hacia la negación
o invertir la verdad, en el desolado camino.
O si más bien es preciso el sollozo de polvo en la confusión del verano
terrible, o en el trastornado amanecer del alcohol con trompetas de sueño
saberse de pronto absolutamente desiertos, o mejor,
es quizá necesario haberse perdido en el sucio trato del amor,
haber contratado en la sombra un ensueño,
comprado por precio una reminiscencia de luz, un encanto
de amanecer tras la colina, hacia el río.
Admito la posibilidad de que sea absolutamente preciso
haber descendido, al menos alguna vez, hasta el fondo del edificio oscuro,
haber bajado a tientas el peligro de la desvencijada escalera, que amenaza a
ceder a cada paso nuestro,
y haber penetrado al fin con valentía en la indignidad, en el sótano oscuro.
Haber visitado el lugar de la sombra,
el territorio de la ceniza, donde toda vileza reposa
junto a la telaraña paciente. Haberse avecinado en el polvo,
haberlo masticado con tenacidad en largas horas de sed
o de sueño. Haber respondido con valor o temeridad al silencio
o la pregunta postrera y haberse allí percatado y rehecho.
Es necesario haberse entendido con la malhechora verdad
que nos asalta en plena noche y nos devela de pronto y nos roba
hasta el último céntimo. Haber mendigado después largos días
por los barrios más bajos de uno mismo, sin esperanza de recuperar lo perdido,
y al fin, desposeídos, haber continuado el camino sincero y entrado en la noche absoluta con valor todavía.

La aurora o el tempo después de los infiernos de la Zambrano, (porque “no hay infierno que no sea la entraña de algún cielo”) en el poema de Octavio Paz, el cántaro roto (fragmento)

...Hay que dormir con los ojos abiertos, hay que soñar con las manos,
soñemos sueños activos de río buscando su cauce, sueños de sol soñando sus mundos,
hay que soñar en voz alta, hay que cantar hasta que el canto eche raíces, tronco, ramas, pájaros, astros,
cantar hasta que el sueño engendre y brote del costado del dormido la espiga roja de la resurrección,
el agua de la mujer, el manantial para beber y mirarse y reconocerse y recobrarse,
el manantial para saberse hombre, el agua que habla a solas en la noche y nos llama con nuestro nombre,
el manantial de las palabras para decir yo, tú, él, nosotros, bajo el gran árbol viviente estatua de la lluvia,
para decir los pronombres hermosos y reconocernos y ser fieles a nuestros nombres
hay que soñar hacia atrás, hacia la fuente, hay que remar siglos arriba,
más allá de la infancia, más allá del comienzo, más allá de las aguas del bautismo,
echar abajo las paredes entre el hombre y el hombre, juntar de nuevo lo que fue separado,
vida y muerte no son mundos contrarios, somos un solo tallo con dos flores gemelas,
hay que desenterrar la palabra perdida, soñar hacia dentro y también hacia afuera,
descifrar el tatuaje de la noche y mirar cara a cara al mediodía y arrancarle su máscara,
bañarse en luz solar y comer los frutos nocturnos, deletrear la escritura del astro y la del río,
recordar lo que dicen la sangre y la marea, la tierra y el cuerpo, volver al punto de partida,
ni adentro ni afuera, ni arriba ni abajo, al cruce de caminos, adonde empiezan los caminos,
porque la luz canta con un rumor de agua, con un rumor de follaje canta el agua
y el alba está cargada de frutos, el día y la noche reconciliados fluyen como un río manso,
el día y la noche se acarician largamente como un hombre y una mujer enamorados,
como un solo río interminable bajo arcos de siglos fluyen las estaciones y los hombres,
hacia allá, al centro vivo del origen, más allá de fin y comienzo
.

IV

Y el pensamiento de María resulta una piedra arrojada a un estanque que provoca un movimiento ondulatorio, un preámbulo, una invitación a pensar y vivenciar, y a sondear muchas cuestiones.

¿Puede haber una razón enamorada (razón poética)? ¿La razón es aséptica por definición? ¿Amar es la verdadera puerta del conocimiento? ¿Si no amas te pierdes un conocimiento más profundo y personal (que te pertenece y te está esperando en la esquina) de la realidad que nos atañe?

La razón enamorada en la antigüedad tuvo nombre de dios, Orfeo. Hoy conozco a otros Orfeos que deambulan por el mundo.

Orfeo postmoderno, por la mañana es oficinista para ganarse el pan y por las noches saxofonista amateur en un tugurio de madrugada. Su música encandila y tiene como todo una historia oculta de la que acaso extrae su poder. Orfeo llora con su saxo, sin que nadie apenas se dé cuenta. Él vive enamorado de una mujer que hoy se encuentra internada en un psiquiátrico, como consecuencia de la mordedura reiterada de otra serpiente, con nombre simulado de caballo. Todos los domingos Orfeo acude a visitarla y no le importaría, como en el mito, sumergirse en cualquier infierno para devolverla a su condición de ser humano con quien pasear los domingos y conversar de las cosas leves, de las alegrías y los dolores de la existencia. Y habita ese infierno con ella, donde ella vive en su mente... y oye entre las sombras las otras razones que la vida tiene, oye el delirio de la vida herida, y sus manos por unos instantes semanales contienen el rostro de ella, en una caricia que tiene mucho de ternura.

Orfeo ecologista ¿qué no daría por salvar a su amada Demeter del reino de Hades y de los especuladores?.... Y su fe inquebrantable y su pequeña razón enamorada le sirve para desenmascarar los verdaderos fines de una economía del despilfarro que no es justa para todos los hombres ni para el sustrato de la vida biológica.

Orfeo, el músico poeta de la antigüedad, el divulgador de una teología pagana, venido al presente obedece a su razón enamorada y al hacerlo desobedece las otras razones que hoy no pasan de ser reducto de oscuros intereses si no sirven a la vida de verdad.

¿No se trataría de dilucidar que hay detrás de las razones como si fueran las máscaras del teatro griego que ocultaban algo más, la voz de otros dioses? ¿qué historia de amor o de lo contrario hay en la razón tecnológica que nos lleva ciegamente al desastre o en el “pensamiento único” que excluye otras posibilidades de construir la existencia común?

Y al final lo que tengo claro es que la vida nos atañe a cado uno y no debemos delegarla en nadie, en ella pensar es abrir el cauce de nuestro propio existir para transitarlo en un acorde con nosotros mismos. Pensar y sentir. Sentir y pensar para hacer. El encuentro único e intransferible con nuestro delirio, con nuestra verdad, con nuestro infierno y nuestra aurora. Encuentro creador en todo caso de lo que será y es nuestro existir.

______________________________

(1) En realidad, lo que nos propone María Zambrano era muy similar a lo que hizo Freud con su “cura a través de la palabra”. Y donde el psicoanalista encarnaría a esa razón que se sumerge en los infiernos donde anda atrapada la subjetividad del paciente. Freud descubrió que la cura no podía ser racional- intelectual sino una experiencia emocional vivida y elaborada cuando se topó con la transferencia. Ello le permitió tener un acceso a las entrañas del hombre nunca hasta entonces posible. El paciente volvía a su infancia. El hombre era capaz de regresión emocional, de retroprogresión. Atrás, a su propio infierno para poder continuar su camino “libre de”, “libre para”.

- Los textos utilizados de María pertenecen a sus obras Filosofía y poesía, Notas de un método y Claros del bosque.­­­­­­­­­­­­

12 febrero 2007

Coisas do sol e uma carta de amor


¡VE hacia él! ¡Feliz carta! Dile-
Dile la página que no escribí;
Dile que sólo puse la sintaxis,
Y dejé fuera el verbo y el pronombre.
Dile cómo se apresuraron los dedos
Luego cómo vadearon, despacio, despacio, despacio;
Y deseaste tener ojos en tus páginas,
Para poder ver qué los movía así.


Emily Dickinson




Era uno de esos días preciosos, cuando después un largo tiempo de lluvias y nubes pesadas, sin más el sol decide regresar con todo su esplendor. Seguro que esto suena repetitivo, pero quien vive en São Paulo sabe bien valorar un día soleado, ya que son muchos los tiempos mojados al largo del año. Y si esa luminosidad llega justo el fin de semana, concede una manera de regalo al aire y la gente tiene ganas de cantar, quitar de las espaldas las penas del cotidiano, sustituir los pasos apresurados por un andar demorado en busca de parques, calles y otros rincones que, pese a todo caos urbano, lograron guardar sus encantos. Era un día así, la gente queriendo vivir y convivir, la música en el aire y la poesía paseando en tren...

Ella, la poesía, empezó a mostrarse en la mirada que atravesaba la ventanilla del tren y se perdía, como encantada, en algun lugar más allá del paisaje suburbano bañado de sol. Un hombre, sentado en un banco cualquier de un vagón cualquier, las manos posadas sobre un libro, los ojos sonriendo al infinito... hasta un momento en que su atención se volvió al libro y, desde dentro de sus páginas, sacó un sobre, y desde el sobre, una carta. De ahí que envueltos por la canción del tren en su caminar, el hombre, su carta y la emoción de sus ojos dieron forma a un cuadro lírico. No hay como no enternecerse al ver una persona leyendo una carta, imaginar alguien escribiendo en soledad palabras de afecto, después caminando hacia la oficina de los correos, comprando sellos, la carta y los sentimientos viajando tal vez muchos días hasta ser recibida con felicidad, tal vez sorpresa, por otro alguien...

Pasaron dos estaciones, la carta leída y releída, se acercaba la Luz, la última parada. Por eso el hombre dobló aquella hoja de papel, la puso con cuidado dentro del sobre y cuando iba a guardarla dentro del libro se dio cuenta del silencio y del pequeño público que le acompañaba los gestos... Los que le miraban, sorprendidos invadiendo la intimidad de aquel momento, también se desconcertaron... Él podría sentirse molestado, protestar, lanzarles una mirada de reproche o cosa parecida. Pero no foi lo que sucedió. Tras un momento de cierta timidez, miró de nuevo alrededor, abrió una sonrisa sincera y les dijo: “Bueno, yo estaba con cara de tonto ¿no?... resulta que estoy feliz, es una carta de amor...”.

El tren paró y todos se levantaron. Había un aire de complicidad y una sonrisa tierna en muchas caras. Algunos señales de “chao” o “hasta luego” antes de cada uno seguir su camino. El hombre y su carta de amor, así como todos los demás, desaparecieron entre la muchedumbre.

*****

La traducción del poema es de Beatriz Alonso, de Cartas Sin Sellos, la muy hermosa página que hace más de 6 años se dedica a publicar fotos de vida en forma cartas, enviadas desde cualquier parte del mundo... ¡No dejéis de visitarla!

Aun sobre el tema de las cartas, un cierto poeta de nombre Juan ha publicado en esta casa unas cosas muy preciosas (¡ah!, como si esto fuera alguna novedad...), para verlas o reverlas haz un clic aquí y aquí.

(Imagen tomada del libro “Correspondências”, de Clarice Lispector, Editora Rocco)

02 febrero 2007

Exposición"Mujeres de este Mundo", difúndela



Del 15 al 23 de febrero (6 a 11 de la tarde-noche), se llevará a cabo la exposición en la que participan l@s siguientes artistas:

Alejandro Gómez, Alejandro Plaza, Álvaro Blasco da Silva,
César Sanz Marcos, Concha Ortega, Cristina Candel,
Diego López Calvín, Elvira Megías Quirós, Eva Peñuela,
Fernado García Ortega, Francis Tsang, Guillermo Latorre Plaza,
Isabel Muñoz, Javier Hergueta, Jesús Pastor,
Joan Guerrero, Jose Ignacio Latorre Macarrón, Jose P. Gegúndez,
Juan Bautista Morán, Leticia Ruifernández, Marisa Vico Nieto,
Mercé González, Miriam Tello, Miriam Toledo,
Natalia Sancha, Olga Latorre Cristóbal, Rafa Sámano,
Roberto Villagraz, Teresa Buberos Andrés, Yamina Sanz.

Quienes han donado su obra para que sea subastada a favor de la Asociación Mujeres del Mundo, para su proyecto de mujeres en Salvador de Bahía (Brasil).

El acto de inauguración+ subasta se llevará a cabo el día 15 de febrero a las 8,30 de la tarde en LA BOCA Espacio de Cultura. C/ Argumosa, 11 Madrid (metro Lavapiés).

La subasta será dirigida por David Monge y Belén Gordillo, actores.

Además habrá actuaciones musicales

También se podrán adquirir bonos para proyectos de 5, 10, 20 y 30 €.

Todos los que queráis acudir, estáis ya invitados.

21 enero 2007

Caminho do rio












"Para bichos e rios
nascer já é caminhar"

João Cabral de Melo Neto



Sigues con los pies descalzos por un camino de tierra rojiza y tienes los pájaros como compañeros. Bem-te-vi, João-de-barro, Beija-flor, Periquito, Sabiá.

Poco hace que ha amanecido, hay algo de pereza en los rayos de sol que se lanzan distraídos por entre los verdes de los arboles y bañan las ultimas gotas de rocío sobre el campo. Luz y sombra hacen dibujos en el suelo y en tu rostro, cual caricia suave que te hace sonreír.

Montañas verdes se dejan ver en abrazos con cielo y nubes, sientes que a ti también te abrazan. Una curva y otra y otra más, llegas al bosque. Un olor muy verde. Entras con respeto, todo es sagrado. Borboleta, grilo, flor, besouro, passarinho, fruta, lagarto, pedra, folha, mel.

Descansas un rato debajo de un gran árbol que te invitó a escuchar sus historias, él tiene la sabiduría de quien habita el bosque hace muchos siglos y guarda en el pecho añoranzas profundas.

Agradeces los cuentos del viejo ser de la floresta y vuelves a caminar. Entonces es cuando sientes que la tierra se hace cada vez más húmeda, y a la canción del viento con los arboles se suma un leve murmullo de aguas dulces...




Publicado por Tania

16 enero 2007

La mirada del silencio, y 2



Y allí, en el mapa y en el camino que el sol dibuja entre la sombras en la casa desierta, en sus muros que fueron continentes de días, de alegrías y tristezas, aún barcarolas y fanales deshilachados que resuenan en la partitura del tiempo.

Allí, el silencio abre su presencia y sus blancas estancias y deja por un momento reconocer que es la urdimbre fértil tejida de esperanzas que sostiene el presente y viaja al futuro a través de nosotros, día a día, hora a hora, beso a beso, anhelo a anhelo.



“La contemplación de las ruinas ha producido siempre una peculiar fascinación, sólo explicable si es que en ella se contiene algún secreto de la vida, de la tragedia que es vivir humanamente y de aquello que alienta en su fondo; de algún ensueño de libertad aprisionado en la conciencia y que, sólo ante la contemplación de algo que objetivamente lo representa, se atreve a aflorar....”

María Zambrano

Las ruinas



10 enero 2007

La mirada del silencio, 1

Descifras el silencio con los ojos desnudos. Con esa primera mirada vas descubriendo en la casa desierta y abandonada la vida que te precedió. La tenue verdad en la canción de las sombras que el sol acaricia en los muros desconchados. Descubres allí el estigma de la existencia, el palpitar que vive en el silencio, en el río invisible del tiempo.

Y por un momento imaginas las viejas canciones, las mismas preguntas, las mismas soledades, los mismos anhelos, los mismos sueños en el aire, los mismos dolores del viejo oficio de existir. El mismo misterio que urde el presente como un libro escrito en un idioma indescifrable donde se relata la hermandad de los hombres.




Estas fotografías se han construido utilizando viejas fotos encontradas en mercadillos sin ningún tipo de referencia que las contextualize, sin autor ni fecha. Forman parte de una vida cotidiana lejana. Las elegí por la emotividad que despertaban. Han sido superpuestas gracias a la fotografía digital a muros abandonados de varios pueblos cada vez con menos habitantes. Allí donde tuvo lugar sencillamente la vida que ya pertenece al silencio.

(También están inspiradas en aquel hacer de hace tiempo con la emulsión líquida para trabajar en piedra o la goma bicromatada aplicada a otras superficies que no fueran el manido papel).

Al hacer la serie tuve la impresión de que, pese a la mudez de los muros y de las propias fotografías, tenían el poder de hablar a través de lo que reflejaban.

Hay un uso de la fotografía que tiene que ver con lo emocional, sin la fotografía nunca hubiésemos puesto rostros a alguno de nuestros antepasados ni a nuestra propia niñez. Es la apoyatura de la memoria viva y oral. Capaz de despertar del silencio otras realidades.

Es una serie de muchas fotos de las que he seleccionado algunas para publicar, que divido en dos partes. Ésta es la primera.


Publicado por JuanBM

04 enero 2007

Dessas pequenas armadilhas da ternura

Acorrentados
Paulo Mendes Campos

"Quien colecciona sellos para el hijo de un amigo; quien despierta en la madrugada y se estremece en el disgusto de si mismo al recordarse que hace muchos años hirió a quien amaba; quien llora en el cine al ver el reencuentro de padre y hijo; quien sostiene en la mano una lagartija y le hace una carícia con los dedos; quien se detiene en el camino para ver mejor una flor campesina; quien se ríe de sus propias arrugas; quien decide dedicarse al estudio de una lengua muerta tras un fracaso sentimental; quien busca en la ciudad los trazos de la ciudad que ya fue; quien se deja tocar por el símbolo de una puerta cerrada; quien cose ropas para los lázaros; quien envía muñecas para las hijas de los lázaros; quien habla a una visita poco familiar: a mi papá sólo le gustaba esta silla; quien envia libros a los presidiarios; quien se conmueve al ver pasar, de pelos blancos, aquel o aquella, maestro o maestra, que era el más brillante del colegio; quien compra lechugas frescas para el canario; quien se acuerda todos los días del amigo muerto; quien nunca abandona los rituales de la amistad; quien guarda, cuando le regalaron, el encendedor que ya no funciona más; quien, no teniendo la costumbre de beber, hace una llamada internacional en el segundo whisky para conversar con el amigo o amiga; quien colecciona piedras, botellas y ramas secas; quien pasa más de diez minutos haciendo mágicas para los niños; quien guarda las cartas de amor con un lazo; quien sabe construir una buena hoguera; quien entra en delicado éxtasis frente a viejos troncos, musgos y líquenes; quien intenta decifrar en el dibujo de la madera el jeroglífico de la existencia; quien no siente timidez en proclamar que la puesta de sol es una perfección; quien se desata en sonrisas al ver una cascada; quien lleva en serio los transatlánticos que pasan; quien visita en soledad los lugares donde ya fue feliz o infeliz; quien, de repente, liberta los pájaros de sus jaulas; quien siente compasión por la persona amada y no sabe explicar la razón; quien cree que adivina el pensamiento de un caballo; todos ellos son presidiários de la ternura y andarán por todas las partes amarrados, atados a los pequeños amores de la trampa terrestre."

de O Anjo Bêbado
"Traduccion casera". Pintura de Portinari (www.portinari.org.br)




Un nuevo año da sus primeros pasos. Que él sea sea generoso de esos pequeños momentos iluminados por la ternura. Esos transparentes instantes de emoción que no podemos retener con las manos pero que, sin embargo, son eternos. Que por tanta sencillez arrebatan nuestro frágil corazón humano y dan sentido a esa misteriosa aventura que llamamos vida.


Publicado por Tania

22 diciembre 2006

Paisajes del corazón, y 3

Y el paisaje, palabra oscura del corazón, acaba también convirtiéndose en la poesía en el lenguaje del amor y de la sensualidad. En el éxtasis de una ofrenda inefable. En la embriaguez transida donde habita lo sagrado imprevisto tras el camino imperfecto de la belleza doliente, sencillamente humana. Don y condena de la carne frágil estremecida y habitada por la ceremonia desnuda del ansia. La sencilla culminación a través del vacío y la sed con la que nacimos.

Tus ojos me recuerdan
las noches de verano,
negras noches sin luna,
orilla al mar salado,
y el chispear de estrellas
del cielo negro y bajo.
Tus ojos me recuerdan
las noches de verano.
Y tu morena carne,
los trigos requemados,
y el suspirar de fuego
de los maduros campos....
Me embriagaré una noche
de cielo negro y bajo,
para cantar contigo,
orilla al mar salado,
una canción que deje
cenizas en los labios...
De tu mirar de sombra
quiero llenar mi vaso.

Antonio Machado


Caricia es también tu mirada
la brisa de tus pensamientos
el jardín de tu pelo
tu manera de retirar el cuello
tus hombros de luna en sombra
tus pezones al viento de tus vestidos
el oasis en reposo de tu ombligo
las riberas mayores y menores de tus labios
tus muslos fluviales
la pulpa frutal de tus rodillas
tus pies tus dedos tus uñas de colores
y tu sonrisa también que rompe el cielo.

Shakîr Wa'el (Persia, 1232-1260?)


¡Mujer desnuda, mujer negra
vestida de tu color que es vida, de tu forma que es belleza!
He crecido a tu sombra; la suavidad de tus manos vendaba mis ojos.

Y en pleno Verano y en pleno Mediodía te descubro Tierra
Prometida desde la alta cima de un puerto calcinado
Y tu belleza me fulmina en pleno corazón como el relámpago al águila.

Mujer desnuda, mujer oscura
Fruto maduro de carne tersa, sombrío éxtasis del negro vino,
Boca que haces lírica mi boca
Sabana de horizontes puros, sabana estremecida bajo las caricias
Ardiente del Viento del Este.

Tantán esculpido, tantán terso que ruges bajo los dedos del vencedor
Tu voz grave de contralto es el canto espiritual de la Amada.

Leopoldo Sedar Senghor



Publicado por JuanBM

18 diciembre 2006

Paisajes del corazón, 2




Y ansioso y torpe, a tu vera me quedo
esperando que tu me enseñes el lenguaje
que no es mío, con unas incognitas palabras
sin sentido.
Y que me lleves a la claridad de lo incognoscible,
paisaje dulce, por vocablos desconocidos.

Pedro Salinas







Manchas suaves –cobrizas, amarillentas, malvas-
de los arbustos mustios entre los rojos árboles;
humo, sedas de niebla azul, cielo entreabierto,
donde entre nubes blancas, surjen fríos cristales..
aire agudo que llega al fondo de la vida,
de donde se levantan, sin que lo sepa nadie,
recuerdos melodiosos de historias de otro tiempo,
que todavía huelen, dolientemente a carne...
Y solo en su nostalgia, el pensamiento se hunde
en abismos fantásticos, inmensos e inefables...

Juan Ramón Jiménez







Publicado por JuanBM

11 diciembre 2006

Paisajes del corazón, 1

Nubes, sol, prado verde y caserío
en la loma, revueltos. Primavera
puso en el aire de este campo frío
la gracia de sus chopos de ribera.

Los caminos del valle van al río
y allí, junto del agua, amor espera.
¿Por ti se ha puesto el campo ese atavío
de joven, oh invisible compañera?

¿Y ese perfume del hablar al viento?
¿Y esa primera blanca margarita?
¿Tú me acompañas? En mi mano siento
doble latido: el corazón me grita,
que en las sienes me asorda el pensamiento:
eres tú quien florece y resucita.

Antonio Machado

El corazón habla a través de sus propias metáforas y símbolos. Uno de sus grandes campos léxicos es el paisaje, la naturaleza como paradigma expresivo.

Y así el corazón habla en el otoño que atraviesa las islas, en el doloroso invierno sin rosas. Habla en la emoción que provoca el silencio que nos acaricia en el centro del bosque. Nuestra promesa de abril es nuestra juventud, la alegría es una flor desnuda, la soledad un desierto estridente. Lo salvaje la hermandad muda de las palmeras. Eres tú quien florece y resucita, como dice el poeta.

Y así la naturaleza adquiere otro valor: ser la palabra polisémica del corazón, pues a través de ella se expresa el mundo interior, todos los matices en tonos y graduaciones del universo anímico, continente inmenso, diminuto y frágil como la semilla que contiene el bosque. Pequeña simiente de inmensidades.

Las fotografías que acompañan a este comentario ahondan en esta misma idea, la naturaleza como elemento expresivo de lo emocional. Son una serie de 12 fotografías que he dividido en 3 partes. Ésta es la primera.



Publicado por JuanBM