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11 julio 2006

Luís Cencillo ha abierto un blog




“Luis Cencillo, presidente de la Fundación Cencillo de Pineda, filósofo, psicoterapeuta, antropólogo… ha escrito más de 40 libros, algunos de ellos sirvieron de manuales para la formación universitaria de psicólogos y filósofos en los años 70 (El hombre. Noción científicao El tratado de la Intimidad y de los saberes). En el 1er. Congreso Iberoamericano de Asesoría Filosófica y Filosofía Práctica (Sevilla, abril 2004) fue reconocido como pionero de estas disciplinas en España (Cómo Platón se vuelve terapeuta).
El ser humano, según Cencillo, es un ser fronterizo, indefinible y desfondado, desde un punto de vista antropológico; y, desde una perspectiva epistemológica, y como consecuencia de aquella, tiene un inacabamiento cenital, es decir, no hay un valor absoluto que dirija la existencia humana. Por otra parte, un mecanismo básico del conocimiento humano es una dialéctica del todo y de la parte, o sea, toda realidad se conoce a partir de un contexto (un todo) y esa premisa se da en cada etapa del conocimiento. Y, como tercer rasgo del conocer humano, la gravitación de ausencia: en cada parte de realidad que conocemos está representado, en ausencia, el todo de la realidad.
A partir de estos principios podemos preguntar ¿qué es lo real? ¿qué son las cosas reales? Debemos abandonar la noción ingenua e intuitiva de que la realidad es, principalmente –o únicamente- las cosas materiales, físicas, puesto que el ser humano vive –sobre todo- en un mundo humano donde lo más real es la significación y el sentido, las vigencias (tendencias, modas) y valores… construido sobre “vórtices de energías” según nos recuerda el nuevo paradigma de la física del caos (Prigogine). La investición que el ser humano hace de la realidad al conocerla es tan profunda, que nunca podremos hablar de otra realidad que no sea la que el ser humano construye a partir de datos. Se da en Cencillo, a mi entender, un kantismo renovado donde se incluyen nuevas categorías: el lenguaje, el inconsciente… y la praxis, “lo que hace un objeto real es funcionar dentro de una praxis”.
¿Qué es, entonces, el pensar y la filosofía? Pensar es orientación en lo real. Y filosofía es activación máxima del potencial intelectual. En cada época y grupo social o étnico, la filosofía determina qué es y en qué consiste la realidad, nadie puede erigirse en juez de este proceso (esto es real, esto no es real) sino el propio hallarse en realidad y estar-en- el-mundo concreto de cada generación y grupo. La filosofía no deber recluirse en la facticidad, porque estar-en-realidad exige un cambio constante (la neurosis es negarse a crecer). La filosofía es transcesiva, es decir, está en continuo tránsito por niveles o transfondos más profundos de la experiencia. Cualquier orden de fenómenos, objetivos o subjetivos, puede ser problematizado. Puede haber experiencias acerca del mundo manifiesto, pero también de un mundo no manifiesto (siempre que se puedan encontrar indicios razonables y sea verosímil, y no meramente fantástico), experiencias de las relaciones personales y sociales, de la acción y la praxis, del propio existir, del valor, del fracaso y la caída en la nada.
Cencillo, acostumbrado a operar en el reino invisible de la consulta del psicoterapeuta, trata de curar a la Filosofía de su neurosis neopositivista, que lleva padeciendo desde la segunda mitad del s. XX. La síntesis de Cencillo es una fragua alquímica donde los opuestos se curan y transforman. La Psicoterapia cura a la Filosofía de su vergüenza (de no ser una ciencia) y la filosofía, a su vez, sanada, amplía los modelos de la psicología y se convierte en un instrumento terapéutico: Asesoría Filosófica, Orientación Filosófica, Filosofía Práctica. Por otra parte, la Antropología y la Religión también se enriquecen: la Antropología reconoce el lugar de las creencias en el ser humano, pero la Religión debe tomar conciencia de sus pretensiones dogmáticas. Filosofía, Psicoterapia, Religión y Antropología (incluyendo Lingüística, Derecho…) son los pilares del sistema integrador de Luis Cencillo. Una vez más: una Filosofía psicoanalizada puede convertirse en una Filosofía sanadora, abierta a los niveles de realidad que la vivencia humana va descubriendo.
Antonio Pino

27 diciembre 2005

El sueño es un poema



El sueño es un poema, nuestro poema, el de cada uno. Un poema intensamente vivido, lo dijo con otras palabras aquel poeta chino del que nos separan varios milenios: "Anoche soñé que era una mariposa, y ahora no sé si soy un hombre que ha soñado que era una mariposa, o una mariposa que está soñando que es un hombre".

Lo que trato de decir es que la poesía y el mundo onírico se parecen demasiado. Primero fue Freud el que nos enseñó a reconocernos en nuestros sueños, descubrió dos "mecanismos" propios del soñar. La condensación y el desplazamiento. Un onirema o imagen del sueño concentraba muchos contenidos vitales de una manera poética y despertaba en el método ideado por el propio Freud una asociación libre de ideas que venía a configurar su sentido. De la misma manera que el significante está unido al significado y al referente. Lacan nos dijo que el inconsciente es un lenguaje vertebrado en metáforas y metonimias, que son por otra parte recursos de los que se vale el poeta para construir su obra.

Dando un paso más M. Boss, analizó en profundidad el mundo onírico y descubrió que las personas somos en los sueños: pensamos, sentimos con absoluta libertad más allá de los estrechos márgenes de la conciencia modelizados culturalmente (lo que es lógico, lo que no, lo que no nos atrevemos a pensar de nosotros mismos y de los demás....) Vivir cotidianamente es vivir para hacer, para manipular, asumir un rol y un status socialmente creado, a veces como una prisión. Soñar es desprenderse de todo eso y sumergirse en la propia subjetividad.

Fue María Zambrano quien conceptualizó la relación entre soñar y poetizar, sus profundas semejanzas.

Haciendo un viaje al revés, Luis Cencillo se pregunta qué hay en la literatura y en determinadas obras de arte capaces de estremecernos y de llevarnos a una liberación emotiva, a la catarsis, a sentir lo universal que transciende estrechos márgenes.... todo ello se sostiene en su concepto de inconsciente radical o ese estrato profundo de nuestra psiqué que está en contacto con las realidades más allá de los sentidos modelados culturalmente. Muchos sueños a modo de registro reafirman esa actividad en cada uno de nosotros mismos. Sería por otro lado la base psicológica de fenómenos como la intuición.

Todo esto en cierta manera supone un cambio de enfoque, así los poetas y los escritores de ser "los enfermos mentales" por antonomasia, los traumatizados infantiles, como si ello explicara su actividad, los locos frente a un mundo de adaptados sociales, se convierten en los visionarios de sus culturas (visionarios en el sentido de ser capaces de ver lo que los demás no ven, desde un plano no mediatizado por las ideologías vigentes que resultan cegadoras. La literatura convertida en ensayo de posibilidades no vividas) ¿Qué hace que El Quijote tenga tantas lecturas múltiples y refleje al hombre universal desde que fue escrito? ¿Por qué el propio Freud para conceptualizar su teoría recurrió a mitos como el de Edipo que forman parte de la literatura universal? ¿El proceso de Kafka no anticipaba en una fantasía el horror del totalitarismo y de una burocracia despiadada? ¿Qué hace que la literatura sea un proceso humanamente liberador para aquel que la ejerce, un camino propio único como la mística de "la noche oscura del alma"? Estas preguntas intentan incidir en ese trasfondo.

El sueño con su concreción y con su actividad reiterada es un poema que nos devuelve a nosotros mismos y nos muestra que somos mucho más de lo que creemos ser. Que somos capaces de una actividad creadora de la que nos sentimos lejanos despiertos, pero es nuestro sueño concreto el que nos cuestiona con su riqueza y el hecho de que nos pertenece con sus imagos.