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26 mayo 2008

El misterio del poema

















A Arturo Ávila Cano

Esta serie intenta expresar visualmente y ahondar en el misterio del poema, en esa materia oscura de la que está hecho. Creo que el poema suele ser celebración, la exaltación de la vida hasta sus últimas consecuencias robándole a la muerte su sentido; la embriaguez por el encuentro de un tú, de un nosotros, de razones de existencia, de un camino único. También creo que a veces la poesía va más allá e intenta salvar el mundo interior de esa realidad que forma parte de la condición humana, la experiencia de lo NEGATIVO. María Zambrano expresa de un modo sencillo y a la vez estremecedor esa dimensión que rodea a lo humano:

“cuando alguien aprisionado y ávido que va en nosotros sale a luz, no encuentra casi nunca aquello que lo hizo salir. Al salirse, si nadie aparece, aquello amado se ha ido y sólo encontramos el vacío, la negación”(1)

¿Cómo salvar aquello que ha nacido en nosotros incluso aquello que somos? ¿Cómo preservar nuestra más íntima libertad, la de sentir, nuestra riqueza emocional muchas veces cercenada? ¿Cómo salvar la riqueza de vida que sentimos en nosotros y que no podemos vivir?

Y así casi misteriosamente un buen día descubrimos que el poema es mucho más que lo que nos han enseñado. El poema es un jardín botánico lleno de rastros, aromas y maravillas, en mitad de ese vacío, de esa negación donde se roza por un instante una secreta plenitud y una profunda fuerza que nos habita. El último reducto de nuestra inalienable vitalidad, guardada en líneas quebradas.
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(1) María Zambrano Delirio y destino , Editorial Mondadori