08 mayo 2010
En busca de lo que no tiene nombre
24 abril 2010
Llegará el horizonte
De la serie MANUSCRITO DEL HORIZONTE
12 abril 2010
O poeta e as flores
E foi difícil encontrar um primeiro livro deste lado do mar. Um dia, caminhava pelo centro de São Paulo e a confusão de gente e de barulhos me atordoava, notei um sebo e pensei ser um bom esconderijo, por um momento que fosse. E era um desses adoráveis lugares que não arrumam tudo em ordem alfabética - assim, as suas estantes são cheias de surpresas. Sem pressa, deslizamos nossas mãos pelas texturas das capas, uma a uma, até que algo nos chama a atenção. Quando nos damos conta, já estamos mergulhados em um novo mundo de palavras, entre as folhas muitas vezes amareladas do tempo.
A primeira página tinha sido arrancada, o que me entristeceu. Na segunda, seguia uma dedicatória - que então não li por algum pudor, como o de invadir a intimidade das palavras ofertadas e, sabe-se lá a razão, um dia abandonadas. Procurei um velho banco de madeira no fundo da livraria. E tão logo a sensação de um jardim. Quando os poemas se abrem em pétalas.
Me esqueci do que tinha para fazer naquele sábado. Voltei para casa com o inesperado presente e alguns ramos de flores comprados no caminho. Abri as janelas, deixando a claridade entrar. Quando regressei ao livro, me detive na dedicatória. Em agosto de 84, alguém em Lisboa desejou a alguém no Brasil que o encontro com o poeta lhe fizesse descobrir, a cada dia, mais beleza em sua vida. E pensei novamente que nunca saberia o motivo daquela outra página, arrancada a força. E que de verdade, aqueles poemas faziam a vida mais bela. Era um fim de tarde. As flores perto da janela estavam iluminadas pelo sol, suavemente.
***
Tengo el alma llena de flores cuando abro un libro de Eugénio de Andrade. No sé explicarlo de otra manera. Me acuerdo el azul del cielo en la descubierta de un verso inicial. Aun nada sabía del poeta portugués y sus palabras fueron pájaro dentro del pecho. “Voa coração. Ou então arde.".
Y fue difícil encontrar un primer libro de este lado del mar. Un día, caminaba por la región central de São Paulo y la confusión de gente y de ruidos me aturdía. Percibí una tienda de libros usados y pensé que sería un buen sitio para esconderme un rato. Y era uno de esos deliciosos lugares que no organizan todo en orden alfabética – así, sus estanterías son llenas de sorpresas. Sin prisa, deslizamos nuestras manos por las texturas de las portadas, una a una, hasta que algo llama nuestra atención. Cuando nos damos cuenta, ya estamos sumergidos en un nuevo mundo de palabras, entre las hojas muchas veces amarillentas del tiempo.
La primera pagina había sido arrancada, lo que me entristeció. En la segunda, seguía una dedicatoria - que no leí entonces tomada de algún pudor, como el de invadir la intimidad de palabras ofrecidas y después, por alguna razón, abandonadas. Busqué un viejo banco de madera al fondo de la tienda. Y tan pronto la sensación de un jardín. Cuando los poemas se abren en pétalos.
Me olvidé de lo que tenía para hacer aquel sábado. Regresé a casa con el inesperado regalo y algunas ramas de flores compradas en el camino. Abrí las ventanas dejando que la claridad entrara. Cuando regresé al libro, me detuve en la dedicatoria. En agosto de 84, alguien en Lisboa deseó a alguien en Brasil que los versos del poeta le hiciesen descubrir, cada día más, la belleza en su vida. Y pensé nuevamente que nunca habría de saber la razón de aquella otra pagina, arrancada a la fuerza. Y que de verdad, aquellos poemas hacían la vida más bella. Era un fin de tarde. Las flores cerca de la ventana estaban iluminadas por el sol, suavemente.
II - Colheita de versos de Eugénio de AndradeO sorriso
Creio que foi o sorriso,
o sorriso foi quem abriu a porta.
Era um sorriso com muita luz
lá dentro apetecia
entrar nele, tirar a roupa, ficar
nu dentro daquele sorriso.
Correr, navegar, morrer naquele sorriso.
Improvisasión en la madrugada
Húmedo de besos y de lágrimas,
ardor de tierra con sabor a mar,
en el mío tu cuerpo se perdía.
(Deseo de ser barco o de cantar.)
As mãos e os frutos
Só as tuas mãos trazem os frutos.
Só elas despem a mágoa
destes olhos, e dos choupos,
carregados de sombra e rasos de água.
Só elas são
estrelas penduradas nos meus dedos.
- Ó mãos da minha alma,
flores abertas aos meus segredos.
Cuando en silencio pasas...
Cuando en silencio pasas entre las hojas,
un ave renace de su muerte
y agita las alas de pronto;
tiemblan maduras todas las espigas
como si el mismo día las doblase,
y gravemente, comedidas,
se detienen las fuentes para beber tu rostro.
Coração Habitado
Aqui estão as mãos.
São os mais belos sinais da terra.
Os anjos nascem aqui:
frescos, matinais, quase de orvalho,
de coração alegre e povoado.
Ponho nelas a minha boca,
respiro o sangue, o seu rumor branco,
aqueço-as por dentro, abandonadas
nas minhas, as pequenas mãos do mundo.
Alguns pensam que são as mãos de deus
— eu sei que são as mãos de um homem,
trémulas barcaças onde a água,
a tristeza e as quatro estações
penetram, indiferentemente.
Não lhes toquem: são amor e bondade.
Mais ainda: cheiram a madressilva.
São o primeiro homem, a primeira mulher.
E amanhece.
Canción con gaviotas en Bermeo
¿Es marzo o abril?
Es un día de sol
cerca del mar.
Es un día en que toda mi sangre
es rocío y carícia.
¿De qué color te has vestido?
¿De madrugada o limón?
¿Qué nubes miras, qué colinas altas,
mientras apartas el rostro
de las palabras que escribo
de pie, exigiendo
tu amor?
¿Es un día de mayo?
Un día en que tropiezo
en el aire
buscando el azul de tus ojos,
en que tu voz
dentro de mí pregunta,
insiste:
¿Se te fue la melancolía,
amigo mío del alma?
¿Es junio? ¿Es septiembre?
Es un día
en que estoy cargado de ti
o de frutas,
y tropiezo en la luz, como un ciego,
buscándote.
Madrigal
Toda a manhã
fui a flor impaciente
por abrir.
Toda a manhã
fui ardor
do sol
no teu telhado.
Toda a manhã
fui ave
inquieta
no teu jardim.
Toda a manhã
fui ave ou sol ou flor
secretamente ao pé de ti.
Al oído
Quedate un poco más, háblame
de la tierra iluminada
abriéndose a la última llama
del verano; tú conoces
su sed, su respiración.
Un poco más. Sé
como el soplo de la tarde, acaricia,
aun con mano pequeña,
lo que en el fondo de la noche
queda de la mañana; háblame de la leve
embarcación del viento, que se lleva
consigo el polvo, el sedimento
del tiempo derramado por el suelo.
La tierra es buena; al oído
vuelve a decírmelo.
***
* Los poemas en español tienen traducción de Ángel Campos Pámpano, en el libro “Todo el oro del día” (Editorial Pre-textos. Valencia, 2004).
27 marzo 2010
Como el agua dormida
Como el poeta cuando no le bastan las viejas palabras.
****
Como a água adormecida que guarda em suas profundidades a força do raio.
Como o poeta, quando não lhe bastam as velhas palavras.
Traducción de TANIA
De la serie MANUSCRITO DEL HORIZONTE
13 marzo 2010
Una ofrenda de paisajes desconocidos
Parecía no haber nada, que todo estaba ya dicho, vendido, vivido, consumido, vencido, calcinado. Pero sentías la asfixia entre cuatro paredes blancas. Algo más grande era ahora dolor y sed extraña. Parecía no haber nada pero había en la luz de aquel atardecer una música silenciosa. Como encontrar un libro viejo que hablaba del olvido de los hombres. Un libro perdido y encontrado, que desmentía esa cotidianeidad cerrada que algunos hombres llamaban realidad y que para ti era una ceguera aprendida y un dejar fuera las entrañas y al hombre mismo. Igual que el libro era un signo, una puerta abierta, un camino entre la niebla. Había otros. El horizonte que habitaba en el pecho de aquellos otros hombres olvidados y desaparecidos en una noche sin orillas construida por otros hombres.
Bandadas de aves en la altura cruzan la ciudad, se dirigen a la hoguera del ocaso. Algo en ti pide en su mudez seguir el mismo rastro. Ir más allá, entregarse al silencio que guarda lo perdido, lo olvidado y lo invisible. Afirmar en la negación o levantar la voz cuando otros callan. Hacer de uno mismo una ofrenda de paisajes desconocidos.
Parecia não haver nada, que tudo já estava dito, vivido, consumido, vencido, calcinado. Mas sentia a asfixia entre quatro paredes brancas. Algo maior era agora dor e sede estranha. Parecia não haver nada, mas havia na luz daquele entardecer uma música silenciosa. Como encontrar um velho livro que falava do esquecimento dos homens. Um livro perdido e encontrado, que desmentia esse cotidiano encerrado que alguns homens chamavam realidade e que para você era uma cegueira aprendida e um deixar fora as entranhas e o próprio homem. Como o livro, que era um signo, uma porta aberta, um caminho entre a névoa. Havia outros. O horizonte que habitava o peito daqueles outros homens esquecidos e desaparecidos em uma noite sem margens, construída por outros homens.
28 febrero 2010
Sobre coisas simples
Ia redescobrindo que coisas simples faziam o seu coração florir. Desde então, sentia as suas mãos cada vez mais leves. Cheios de delicadeza, seus dedos tocaram aquelas palavras. Estavam inundadas de luz. E essa luz era suave como o sol que se esparrama sobre nós numa tarde de primavera. Suave como o vento às vezes acaricia a pele. Como o cheiro guardado em alguns livros ou as paisagens que só podem ser vistas nos sonhos.
Yannis Ritsos
Escondo-me atrás de coisas simples,
para que me encontres.
Se não me encontrares, encontrarás as coisas,
tocarás o que minha mão já tocou,
os traços juntar-se-ão de nossas mãos,
uma na outra.
A lua de agosto brilha na cozinha
como pote estanhado (pela razão já dita),
ilumina a casa vazia e o silêncio ajoelhado,
este silêncio sempre ajoelhado.
Cada palavra é a partida
para um encontro - muita vez anulado –
e só é verdadeira quando, para esse encontro,
ela insiste, a palavra.
(Tradução de Eugénio de Andrade)
*
El significado de la sencillez
Yannis Ritsos
Detrás de las cosas sencillas me oculto para que me encontréis.
Si no me encontráis, encontraréis las cosas.
Tocaréis lo que tocó mi mano,
se juntarán las huellas de nuestras manos.
La luna de agosto brilla en la cocina
como el puchero estañado (esto también ocurre por lo que digo)
alumbra la casa vacía y su silencio arrodillado
-el silencio siempre está de rodillas-.
Cada palabra es una salida
hacia un encuentro, a menudo frustrada,
y es palabra verdadera, en tanto insiste en el encuentro.
(Traducción de Román Bermejo Lopez-Muñiz)
19 febrero 2010
Algo más fuerte
Traducción de TANIA
De la serie MANUSCRITO DEL HORIZONTE
07 febrero 2010
El mundo es más ancho
30 enero 2010
Escrituras sin autor
23 enero 2010
16 enero 2010
Manuscrito del horizonte
En esta ocasión quiero presentaros gran parte de la serie en la que he estado y en la que sigo trabajando, que he llamado Manuscrito del horizonte y que iré publicando con periódicamente aquí en el blog.
Son imágenes y palabras en profunda unidad. La presentación y el sentido de la serie la podéis encontrar escritos más abajo.
Y aprovecho para desearos un Feliz 2010 que espero lleno de ilusiones renovadas y de creatividad, de encuentros, de amistad, de afecto.
Un abrazo
Juan
Manuscrito del horizonte
A modo de un libro imaginario que pudiera escribirse con instantes, con notas inconexas y con imágenes, que quedasen así unidas en su propia elocuencia para enunciar algo intraducible: la vida que no sabe decirse buscándose en su horizonte.
Un manuscrito vivido, por lo que nos vive silenciosamente, que guardase la escritura de aquello por lo que vivimos. Un manuscrito que no existe, que siempre está por escribirse y reescribirse y que quedará por siempre incompleto. De páginas hechas de búsquedas y rastros. Una cartografía del asombro. El latido de una mirada que ve más allá de las superficies. Un manuscrito hecho de niebla y luces.
Un diálogo con el horizonte. Las semillas perdidas y escondidas en el desierto que aguardan la lluvia para germinar. El mar que desconoce su fuerza desgarrándose contra las rocas. Otra vida dibujada en una mirada inesperada que nos abre la existencia y los caminos. La aventura viva que somos y que habíamos olvidado, rescatada en la caricia de un alba que nos muestra la bahía que nos llama. El rastro unánime de lo que nos vivifica.
Un diálogo con el horizonte donde encontramos encarnada nuestra propia dignidad, nuestro mundo de posibilidades no vividas hondamente sentidas contra lo dado y clausurado.
23 noviembre 2009
Mais além dos postais
é o que vemos, senão o que somos.
Fernando Pessoa
Y de repente, el corazón se dio cuenta de lo que fue forjado en un tiempo sin tiempo.Había ahorrado todo un año para un viaje. Me habían contado tantas veces que, en otras partes de este país, el mar tenía azules y verdes más hermosos que en mi imaginación. Nunca me había ido más lejos, tenía veinte y pocos y los recorridos hasta entonces se limitaban al interior de São Paulo, algunas veces a su litoral. Así busqué una oficina de turismo, fue donde una chica distribuyó cuidadosamente sobre la mesa una serie de postales. ¡Ah!... y los ojos se perdieron, fascinados, dentro de los preciosos paisajes. Qué difícil fue elegir tan solo un lugar...
Cuando el avión partió, un pequeño escalofrío tomó cuenta del cuerpo, pero en la llegada era el alma que se estremecía de emoción, el mar cada vez más visible, como queriendo abrazar la hermosa ciudad. Sí, y cuantos matices puede tener el mar... Entonces se siguieron días intensos. Había que despertar temprano, pues a las siete un autobús ya esperaba delante del hotel. El guía, un chico guapo y simpático, nos llevaba de un rincón a otro – playas y iglesias, ruinas y parques, museos y lugares dónde ocurrieron los hechos leídos en los libros de historia. Quedábamos un rato en cada lugar, el tiempo necesario para ver todos los paisajes que ilustraban las postales y, claro, tomar nuestras propias fotos.
Pero al fin del viaje, nuevamente en el avión, yo intentaba traducir lo sentía. Sí, estaba feliz, ver tantas cosas hermosas pintaba la mirada con nuevos colores. ¿Entonces qué es lo que el corazón intentaba hablarme silenciosamente? Era como si me dijera que había faltado algo...
Luego el pensamiento se volvió para aquellos pequeños viajes de infancia. A mi padre le gustaba tanto viajar. Y si la vida humilde no permitía atravesar grandes distancias, nos llevaba a conocer cada pequeña ciudad alrededor de la nuestra. Me acuerdo que salíamos antes del amanecer y muchas veces sin destino cierto, la carretera casi vacía, el sol desparramando sus primeros rayos sobre las plantaciones, acariciando casas, ríos y montañas. Llegábamos a un pueblo cualquier y descubríamos sus calles y plazas, desayunabámos en una panadería o bar. Y yo me admiraba porque sin más, miraba a mi padre y ya estaba él conversando con alguien, contando y escuchando historias - proseando, como se dice por aquí. Y quien desde fuera viese la escena, pensaría tratarse de una charla de amigos de mucho tiempo. Tenía tal vocación para la amistad, que muchas veces luego estábamos comiendo o pasando algunos días en casa de gente que hasta poco, ni sabíamos que existía... Y nunca pude me olvidar de como la emoción inundaba sus ojos oscuros, a cada despedida. Personas antes desconocidas ya le hacían nacer saudades.
Y me di cuenta de que los próximos viajes habrían de ser diferentes. Sin que un autobús me llevara de un lugar a otro con tiempo marcado. Mis horas precisaban de libertad y comprendí que no pasaba nada no pudiera ver todos los paisajes postales, porque el corazón reclamaba por andar sin reloj. Reclamaba por tener tranquilidad para sentir la música del viento, las caricias del sol o el sabor de la lluvia. Reclamaba oír con atención la voz del mar y de los ríos, de los árboles y de la gente. Reclamaba, sobre todo, tener tiempo para la ternura del encuentro.
Si hoy abro mi caja de postales, me emociono. Porque me acuerdo que más allá de los paisajes allí dibujados, mi alma guarda historias que no están en los libros. La anciana que en los atardeceres se sienta al lado de la estatua del poeta. El pescador que colecciona piedras y conchas para el hijo que va a nacer. La niña que es como una sirenita negra nadando en el mar verde. El chico que con sonrisa tímida invita a bailar. La mujer que se ilumina recordando el día en que conoció su amor. El vendedor de collares que regala una cinta de tejido amarillo, asegurando que, envuelta en el pulso, realiza sueños. El hombre del campo que no contiene las lágrimas delante del árbol plantado por su abuelo. Los artesanos que mientras moldan la belleza con las manos, tejen pequeños cuentos cotidianos. Y tantas otras pequeñas historias, tristes o alegres, de la vida común - como la mía o la tuya. Pero a su tiempo extraordinarias, en la belleza de compartir lo que se mantuvo vivo en el corazón (pues, ¿no es verdad que si te cuento una história mía, te regalo un poquito de mí?, ¿y si me cuentas un recuerdo, no me das un poco de ti?).
Link para una canción aquí.

