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- Lo cierto es que ya no tengo mucha salud para bordar, pero sigo hacíendolo - muy despacio, es verdad, porque mis manos temblan y estos ojos me traen a menudo... - ¿sabes que llevo más de un mes para hacer un mantel?, sin embargo, Díos sabe cuanto merece la pena: ¡qué alegría cuando lo veo terminado y sé que hará más hermosa la mesa de una familia!, quizá será un regalo que llevará felicidad a alguna persona...
Dime, mi hija: ¿cómo puedo pensar en parar con mis bordados y dejar de sentir esos sentimientos? Sería como morirme un poco.”
Dona Helena
78 años, bordadora
Noviembre de 2006
Nietzsche dijo que tenemos el arte para no perecer ante la verdad y Guayasamín, que el arte cubre la vida, que es una forma de amar. Para Fernando Pessoa, todos los artes son confesiones de que la vida no basta...
Dona Helena no conoce los versos del poeta portugués, no sabe nada de la obra del pintor ecuatoriano y, por cierto, el nombre del filosofo alemán le sonará muy estraño; pero sus pensamientos pasean por parecidos caminos para hablar del arte, de esa necesidad - sagrada de tan humana - de expresar lo que habita los lagos hondos y misteriosos del alma; de decir que la vida, al menos la vida de la forma que se nos presenta, desde fuera, no es bastante. Hay siempre que ponerle un verso, una musica, una imagen, un gesto, un trazo de color a más. Reinventar la realidad desde las entrañas.
La artesanía compone una parte de ese mundo del arte y de esa busca que quiere dar belleza y sentido a la vida. Presente desde el más distante pasado humano, expresa la cultura de los pueblos y, desnuda de formalidades, revela sus herencias y historias, lazos afectivos y creencias, sus modos de vivir, ser, soñar... Nace espontaneamente en las manos de gente sencilla, anonimos que tienen como materia prima las lecciones de otras generaciones, el mundo que hay dentro de su propia alma y la naturaleza a su entorno:
“- La mejor hora para recojer pequeñas conchas en la orilla del mar es luego que amanece.”
“- Estas semientes rojas protejen el espíritu, mira que los indíos lo saben desde siempre...”
“- Ah, ¿no sabías? hay una Luna cierta para recojer el barro de la tierra, si no respetas el movimiento del cielo, el jarro se rompe despues de terminado.”
Por ello, al pasear por una feria de artesanos es bueno que lo hagas sin prisa y dejes los pensamientos en casa, es decir, la logica, la razón... – allí la intuición se hace mejor compañera y deja el alma más libre para mirar, tocar, sentir... Y tal vez te encuentres con una persona como dona Helena y que ella, al sentir tu alma abierta, tiernamente te invite a sentarse a su lado; que te llame de hijo o hija y entremezcle las historias de sus artesanias con un recuerdo, una saudade, un trocito de su propia vida; que fragil y fuerte coja tus manos muchas veces y, al despedirse de ti, te regales un abrazo demorado y una mirada de tanto afecto, que te serán imposibles de olvidar.





Mercado de los artesanos de Aracajú, Estado do Sergipe, Brasil
Publicado por Tania













































